Valentina Pereyra es oriunda de la ciudad de La Banda, provincia de Santiago del Estero y es trans feminista y militante de los derechos humanos. En diálogo con Infocielo se refirió al debate por la relocalización de la zona roja de la ciudad de La Plata: “Nosotras queremos un modelo de despenalización, para mí el trabajo sexual se ejerza en el mondongo o en cualquier otro barrio no debe ser penado, no debe ser perseguido”.
Pereyra milita por la ampliación de derechos hace más de 20 años, cuando, según ella, casi no entendían por qué luchaban: “Históricamente nosotras empezamos a involucrarnos en el activismo por cuestiones en relación a la desigualdad social, en mi caso por ser una identidad travesti trans y todo lo que eso conlleva en esta sociedad machista, patriarcal, capitalista y un montón de cuestiones de desigualdades en relación a las personas que se salen de la cisheteronorma”.
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En relación a los prejuicios en torno al trabajo sexual, la militante que forma parte de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), expresó: “Claramente una persona de 13, 14 años que es expulsada a la calle, como lo somos las personas travestis y trans, no deberían ejercer el trabajo sexual o la prostitución porque nos están arrojando a la calle y somos niños y niñas que deberíamos estar insertados en el sistema educativo”. En este sentido, Pereyra se refirió a la falta de tratados internacionales o nacionales o de derechos del niño o de la niña, del adolescente que respaldaran las infancias travestis y trans en su momento y en cómo “las falencias vienen de mucho más atrás”.
“Para mí sería fundamental y me encantaría que todas las travestis y trans puedan terminar sus estudios en las edades que corresponden y si el día de mañana, mayores de edad, eligen ser trabajadoras sexuales, perfecto”, agregó.
Las zonas rojas de la provincia, en disputa
En la última semana fue noticia la relocalización de la zona roja de Mar del Plata, debido a lo que tanto las trabajadoras sexuales como los vecinos del barrio 10 de febrero consideraron que era “mandarlas a la muerte”. De trabajar en el centro de la ciudad las trabajadoras sexuales fueron mandadas a un barrio a 10 kilómetros del centro y a una zona, prácticamente, a la deriva, cerca de dos cementerios y de un predio de residuos.
La medida entraba en vigencia el sábado 24 de septiembre, pero tanto vecinos como las trabajadoras sexuales se manifestaron en reiteradas oportunidades denunciando que se trata de una zona peligrosa y, también, que hay una persecución hacia las personas que ejercieran su trabajo por fuera de esa zona delimitada. Al día de hoy la polémica aún continúa.
Por su parte, en la ciudad de La Plata distintas organizaciones se han manifestado en contra del proyecto de una nueva zona roja. En esta misma línea, Valentina Pereyra explicó que esta situación del barrio mondongo va un poco más allá de la inseguridad y en relación de las olas delictivas, pero que ello no es culpa de la prostitución: “Claramente hay otros intereses más amplios detrás, hay cuestiones en relación a la seguridad, al poder político, al poder judicial, hay un montón de entramados en relación a complicidad que por ahí no le molesta esto de vamos a reubicar la zona para darle una lavada de cara, no les interesa eso, hay otros intereses”, expresó y denunció: “No nos olvidemos que la prostitución y las prostitutas siempre fueron la caja chica de las comisarías de las jurisdicciones, históricamente y no solamente en La Plata, pasa en un montón de otros lados”.
“Para mí el debate debería ir un poco más allá de lo sexual, deberíamos hablar en clave del trabajo y hablando en líneas generales de lo que es el trabajo, para nosotras”, sostuvo Pereyra y afirmó: “Es con una persona mayor de edad brindando un servicio a cambio de una remuneración económica, como en cualquier otro trabajo, pero qué pasa cuando se pone en juego lo sexual que tanta rispidez se genera a nivel social, cultural, religioso, educativo y no estamos exentas en el tema de los feminismos”.
Según Valentina Pereyra no existe debate en torno al trabajo sexual, ya que para ellas es una discusión saldada. Sin embargo, señala, “para algunos feminismos no, no consideran que el trabajo sexual sea un trabajo, pero también ahí entra un gran abanico de contradicciones en relación a esto y a estas frases tan usadas por algunos feminismos de Mi cuerpo mi decisión”, sostuvo y agregó: “Pero qué pasa cuando una mujer decide ejercer el trabajo sexual, ahí no aplica por esa mujer”.
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