El reconocido cantautor León Gieco brindó un momento inesperado y mágico en la Plaza 12 de Octubre, en el corazón de Pilar. En su camino hacia un homenaje a la hermana francesa Evelyne Lamartine, realizado en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, el artista se unió espontáneamente al músico callejero Rafael Villamayor para interpretar uno de sus clásicos, “Pensar en nada”.
Villamayor, es conocido en Pilar por sus habituales presentaciones con guitarra en la plaza y la peatonal. Mientras estaba cantando la emblemática canción, Gieco, al pasar en su auto por la esquina de Rivadavia e Yrigoyen, reconoció los acordes.
León Gieco en la plaza de Pilar junto al artista callejero Rafael Villamayor
LEÓN GIECO LO VIO Y ESTACIONÓ
Fue allí que detuvo el vehículo, bajó la ventanilla y le hizo señas al músico. Tras estacionar, se sumó a la interpretación, acompañado de su inseparable armónica.
El impensado “recital” cautivó a los transeúntes, quienes, entre asombro y emoción, se acercaron para presenciar la escena. En pocos minutos, una pequeña multitud se congregó, inmortalizando el momento con sus teléfonos.
Los aplausos cerraron la breve actuación que, como todo lo que toca León Gieco, resonó profundamente en los presentes.
El cantautor, sin embargo, no se quedó más tiempo. Explicó que debía asistir al homenaje a Evelyne Lamartine, cuyas cenizas fueron depositadas esa noche en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar.
Durante la ceremonia, Gieco invitó a todos los presentes a participar del acto en memoria de una mujer definida por el Papa Francisco como “una santa entre nosotros”.
EVELYN LAMARTINE, LEGADO DE LUCHA Y JUSTICIA
Evelyne Lamartine, fallecida en abril de 2022 a los 88 años, dejó una profunda huella en la comunidad de Pilar y en la historia reciente de nuestro país.
Fue una de las voces incansables que buscaron justicia por sus compañeras, las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, secuestradas y asesinadas durante la dictadura militar.
Ambas mujeres fueron marcadas por Alfredo Astiz, llevadas a la ESMA y asesinadas en los denominados “vuelos de la muerte”. Sus cuerpos fueron identificados años después por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Lamartine no cesó en su misión de recordar y denunciar los crímenes. En sus testimonios, evocaba las palabras de indiferencia y desprecio recibidas por el entonces cardenal Pío Laghi al pedir por las monjas desaparecidas.
A pesar de ello, continuó con su labor social, destacándose por su trabajo en Villa Astolfi y el centro “Vencer para Vivir”, que asiste a personas en recuperación de adicciones.
En el homenaje, su amiga Mirta Ortega Sanz, médica del Hospital Sanguinetti y quien gestionó el traslado de sus cenizas a la Parroquia de Pilar, la recordó como una mujer comprometida, valiente y siempre fiel a sus principios.
El emotivo gesto de León Gieco y la historia de Lamartine se entrelazaron esa tarde de jueves bonaerense, dando lugar a una jornada que combinó música, memoria y el homenaje a una vida dedicada a la justicia y la solidaridad.
Con información de “Pilar a Diario” y “Página 12”

