En la emisión del programa Palabras Más Palabras Menos por LA CIELO 103.5, la periodista Luciana Alan abrió el debate sobre una problemática de salud pública que genera creciente preocupación. “Es una enfermedad que a nosotros nos suena como una enfermedad de otro tiempo pero está muy vigente y hay cierta preocupación y alarma porque van creciendo año a año los casos“, advirtió la conductora al señalar que el año pasado se registró un récord de diagnósticos. Alan remarcó que se trata de un fenómeno profundamente atravesado por determinantes sociales, “tiene mucho que ver con la falta de acceso a la salud y a hospitales… si una persona vive en condiciones de vulnerabilidad y quizás no tiene la posibilidad de acceder fácilmente a un centro de salud, se hace muy difícil sostener y completar ese tratamiento“.
Ante este escenario, la mesa convocó a la Dra. Guadalupe Pérez, médica infectóloga pediatra y prosecretaria del comité de epidemiología de la Sociedad Argentina de Pediatría. Al ser consultada sobre la intervención de una especialista en infancia frente a una afección históricamente asociada a la adultez, Pérez desmontó el mito, “es una enfermedad que tradicionalmente era de adultos jóvenes, de gente que estaba en actividad laboral, pero en estas familias siempre hay chicos“.
El impacto en los más chicos y el alerta en las escuelas
La médica advirtió que los pacientes pediátricos padecen las consecuencias más severas del bacilo. “Los menores de 2 años en particular y los menores de 5 son los que tienen las formas más graves que no solo afectan al pulmón, sino que pueden tener compromiso del sistema nervioso, compromiso de muchos órganos“, precisó la infectóloga, recordando incluso la existencia de la “tuberculosis congénita“, transmitida durante la gestación.
Uno de los aspectos más inquietantes del mapa epidemiológico actual es el incremento sostenido entre la población joven. “La tuberculosis aumentó en todos los grupos de edad, pero particularmente en los adolescentes; ese grupo que nosotros ponemos entre 15 y 19 años es donde ese aumento es más notorio“, detalló Pérez. Este segmento etario coincide con quienes comparten prolongadas jornadas en los establecimientos educativos.
Desmitificando las formas de contagio, la especialista aclaró que la infección requiere un contacto estrecho y continuado. “La tuberculosis es una enfermedad que se transmite por el aire, pero no es que uno porque se cruzó con alguien en la esquina se contagia; necesita una exposición sostenida“, definió, precisando que se considera contacto de alto riesgo a quien “comparte más de 4 horas por día o pasa una noche en la misma habitación“. Esta dinámica explica la frecuencia de casos detectados en ámbitos comunitarios, “esto está pasando en los colegios, en los clubes, en las oficinas, en los talleres“.
Desinterés global y la brecha con el sistema de salud
Al analizar las causas de este rebrote, Pérez apuntó a la distancia crítica que se ha abierto entre la población y los centros asistenciales. “Las tasas de vacunación cayeron también por esta distancia que hay ahora entre lo que es el sistema de salud y la gente, como que cada vez nos alejamos más y bueno ahí es donde empiezan a aparecer y reemerger estas enfermedades“, analizó.
En ese marco, la infectóloga cuestionó la falta de inversión internacional en investigación farmacológica. “La tuberculosis tiene una vacuna que no es la más efectiva, es un problema que tenemos en el mundo que, si es una enfermedad de los países pobres, no les interesa tanto a los países ricos desarrollar vacunas“, denunció. Explicó que la vacuna BCG, utilizada desde la década de 1970 y administrada al nacer, protege entre un 70 por ciento y un 80 por ciento contra las formas más graves, aunque no evita totalmente la infección.
Asimismo, alertó sobre los indicadores de la Argentina en la escala continental. “A nivel mundial es un problema en aumento, en algún momento estuvo dentro de las enfermedades erradicables y ya estamos muy lejos de controlar la enfermedad“, lamentó. Y agregó, “el problema es que nosotros desde Argentina estamos más arriba que el promedio de la región de las Américas, nuestra tasa es más alta“.
Tratamiento prolongado, síntomas y prevención familiar
Sostener la medicación constituye uno de los mayores desafíos en el combate contra la enfermedad. Para las formas pulmonares leves, el esquema básico requiere “por lo menos 6 meses de tratamiento de cuatro a seis pastillas por día“, lo que suele ocasionar abandonos por intolerancia o por una falsa sensación de mejoría.
Para favorecer la detección temprana, Pérez detalló los síntomas de alarma. “La forma más característica es la forma pulmonar, son personas que tosen con una tos crónica que lleva dos, tres o cuatro semanas“, indicó. Detalló que el cuadro suele presentarse con “estrías de sangre en el moco porque el pulmón se está lastimando“, sumado a pérdida de peso, falta de energía, sudoración nocturna y el antecedente de haber convivido con alguien diagnosticado.
La especialista cerró con una recomendación preventiva crucial para los hogares. “Si hay un adulto con tuberculosis en la casa, aunque los chicos estén sanos, hay que llevarlos al médico porque existen medicaciones para prevenir la tuberculosis en esos chicos“, subrayó. Advirtió que frecuentemente ingresan “chicos internados en la terapia intensiva con enfermedades gravísimas por tuberculosis” porque no se administró a tiempo la profilaxis al grupo familiar.
Al concluir el bloque, Alan repasó la distribución geográfica de la enfermedad, destacando que el 66% de los diagnósticos del último año se concentraron en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, acompañados por altos índices en Salta y Jujuy. Estas cifras guardan relación con la densidad poblacional, el hacinamiento y las condiciones de pobreza que dificultan tanto la consulta oportuna como el seguimiento riguroso del tratamiento


