Cuando comenzó la pandemia había un axioma que solía utilizarse desde los medios de comunicación, en las redes sociales y en charlas de amigos.
Se decía “de esta vamos a salir mejores” imaginando un futuro para la humanidad que después de semejante situación generada por el coronavirus haría que las conciencias de los seres humanos se acomodaran en un punto mucho más empático para con el otro. En donde las desigualdades y las diferencias, tanto de opinión como de posición social y económica, pudiesen tender a igualarse en un futuro quizás no tan distante, a partir de haber vivido todos un trauma que afecta a la humanidad en su conjunto.
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A poco de transitados los primeros días de esas cuarentenas en la mayoría de los países del mundo, ese optimismo cándido de “salir de ésta mejores” se fue difuminando, y ante la más pequeña apertura a la “vida normal” toda la primigenia solidaridad que podía esperarse después de una pandemia cruel y asesina como es la del coronavirus, no sólo desapareció, sino que en muchos casos acentuó aún más las diferencias entre ricos y pobres, entre los que pertenecen y los que se quedan afuera con “la ñata contra el vidrio”, como en una película futurista de los 80.
Hoy la comprobación fáctica y física de esas profundizaciones en las inequidades tiene su correlato en Estados Unidos, la meca del capitalismo mundial, que lo vuelve palpable, le da números y hasta lo monetiza.
De este hecho que se está dando hoy en los Estados Unidos pueden desprenderse 2 conclusiones mínimamente, una preocupante y la otra alentadora, pero ninguna que nos vuelva “mejores”.
La primera es que el mercado, post pandemia de coronavirus, y como era de prever, seguirá su curso, porque cuando la oferta escasea los precios suben mientras alguien pueda pagarlos.
Y siempre habrá ricos que lo harán. Por lo tanto asistir a este tipo de espectáculos “premium”, en las condiciones actuales, será algo de lo que las élites únicamente podrán darse el lujo. (10 millones de pesos una entrada al cambio blue)
La segunda conclusión es que mientras no haya vacunas para todos, en pocos meses habrá en el planeta entero dos castas (y seguramente un salvoconducto que ya debe estar imprimiéndose o generándose digitalmente, y será el “santo grial” que abra mágicas puertas) : el certificado de vacunado contra el coronavirus, que dividirá a quienes se la apliquen, los cuales circularán libremente por el mundo, ingresarán sin problemas a eventos masivos y podrán hacer una vida prácticamente normal, de quienes no deseen darse la vacuna o queden ultimos en la fila, los cuales padecerán todo tipo de expulsiones, prohibiciones de accesos, y hasta pérdidas laborales por negarse a ser inoculados con las dosis que alejen el coronavirus de sus cuerpos, o por no poder entrar primeros al nuevo “mundo de los ungidos”.
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