No son demasiados los vínculos culturales que unen a la Argentina con Ucrania. La inmigración de aquel país del norte de Europa nunca fue de las más numerosas, pero sí provocan en general un afecto instantáneo en quienes conocieron o conocen personas llegadas de esas tierras, o a sus descendientes.
La cultura popular tampoco es muy rica en lazos ni con la música, ni con las recetas culinarias, ni con el humor, o el cine y el arte de Ucrania.
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Sin embargo uno de los personajes más recordados del inefable, y aún idolatrado capocómico de los años ’70 y’ 80, Alberto Olmedo, tenía esa nacionalidad, al menos en la ficción.
Con un origen incierto, ya que algunas fuentes citan su inspiración en un programa de “El negro” Brizuela Méndez llamado “Escuela de locutores“, en donde Olmedo oficiaba de personal técnico, y otros mencionan a un vendedor de autos amigo del cómico rosarino llamado Aron Tate Ostrowiecki, el personaje de “Rucucu” fue la amalgama de sus ciclos televisivos humorísticos, porque hacía las veces de “presentador” del programa, y quien tomaba la ‘voz oficial’ cuando Olmedo necesitaba no sólo hacer sketch, sino también comunicar cualquier novedad de sus actividades televisivas, teatrales y cinematográficas.
LAS CARACTERÍSTICAS DEL PERSONAJE ‘RUCUCU’
Su acento clásico imitando como hablaban los inmigrantes de Ucrania (aunque también podría haber sido de Rusia o cualquier país del área norte de Europa), le generó una frase que muchos años después rescatará para darle el nombre a su último ciclo en la televisión, a la postre el que lo llevaría a Olmedo a su máxima fama nacional: “No toca botón“, en el cual desarrolló otras invenciones tan icónicas como este mago de Ucrania.
El Manosanta, el Yéneral González, Chiquito Reyes, Rogelio Roldán, Borges y Álvarez, y tantos otros de su inmensa producción, siempre con libros de Hugo Sofovich.
Pero “No toca botón” era el modo “ucraniano” de decirle al público, antes de ir al corte comercial, que no cambiara de canal (aún no existía el zapping. El botón era en el televisor, no en un control remoto), y el modo de expresarlo era tal como Alberto Olmedo imaginó que alguien llegado de Ucrania pronunciaría esa frase, sin utilizar bien los verbos ni los artículos.
En lugar de decir “No toquen el botón”, en una manera personalísima inventó ese giro poco preciso lingüísticamente, pero que se enraizó en el acerbo popular hasta naturalizar la frase “No toca botón” como si estuviera idiomáticamente bien estructurada.
Ese señor de bigotes enormes, con ese acento tan particular, el frac negro y su obsesión por presentar todo muy claramente a los espectadores, era en su origen un mago al estilo circense de la época, pero que con el correr de los años fue cobrando un vuelo propio, con tanta aceptación, que se transformó en la cara oficial de Olmedo, hasta que en 1985, un hecho único en la televisión argentina marcó el abrupto final de su existencia.
LA MUERTE DEL UCRANIANO MÁS FAMOSO
Es que tras el éxito de otro humorista (hasta esa instancia una especie de partenaire de los más grandes y exitosos), como fue Mario Sapag, con el suceso “Las mil y una de Sapag“, en 1984, Alberto Olmedo decidió ‘matar en cámara‘ a Rucucu.
Es que, su ahora competidor, “imitaba” su creación del mago ‘Rucucu’ permanentemente, y este hecho le hacía “ruido” a Olmedo, por eso al iniciar su ciclo del ’85 de “No Toca Botón” se fue desvistiendo de la ropa del personaje del mago oriundo de Ucrania, y la quemó en cámara con la presencia estelar de Luis Brandoni, Juan Carlos Altavista y Enrique Pinti como testigos de ese momento.
Su argumento fue que “lo que se usa mucho, se quema”, y así le pareció que había sucedido con su personaje al ser tan explotado por otro humorista como Sapag, a quien Olmedo no le tenía ningún respeto como profesional.
En ese ciclo nace otro personaje al estilo Rucucu que fue el famoso dictador de “Costa Pobre”, el Yéneral González, con una impronta similar pero lógicamente, sin el acento de Ucrania tan característico.
EL MITO DE “LA MERCA” EN VIVO
Nunca corroborada oficialmente, también existe la leyenda en televisión de que cuando el personaje de Rucucu, en la piel de Olmedo, tapaba con su mano la cámara, desorientando al director, en realidad era porque alguna vez le había jugado una apuesta a su amigo y coequiper Javier Portales que podía aspirar cocaína “en cámara”.
Según se contaba como chisme de la intimidad de la época, mientras en una mano colocaba la droga entre los dedos índice y pulgar, con la otra obstaculizaba la visión para que el mago de Ucrania hiciera “de las suyas”.
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