El silbatazo final marca el cierre del marcador y el inicio de un agotamiento que se siente en los huesos. Como bien señalaba en el programa “Todo no se puede” de LA CIELO FM 103.5, tras un partido de la Selección, el cuerpo queda como si le “hubiese pasado un tren por encima”. Sin embargo, para el Dr. Enrique de Rosa, esta fatiga no es imaginaria, “pasó una tormenta química” en el organismo de cada hincha.
La pasión argentina no es un fenómeno aislado, sino que “se transforman en un ritual colectivo”. En un país que el doctor describe como una “sociedad fragmentada”, llena de conflictos y frustraciones, el fútbol aparece como una oportunidad rarísima de canalizar emociones y encontrar unión.
De Rosa explica que este sentimiento de pertenencia se basa en las “neuronas en espejo”, un proceso neurobiológico donde “vemos en el otro que reproduce, que refleja nuestra propia emoción y eso nos da una oportunidad única de sentirnos que no estamos solos”. Es el momento donde el aislamiento se rompe y el individuo siente que “el otro no es un enemigo, somos nosotros”.
Las pulsaciones en aumento
Pero esta conexión tiene un costo físico real. Durante los noventa minutos, “nosotros estamos jugando el partido y esto está medido”, asegura el especialista. El cuerpo entra en un estado de “ataque, huida, agresión”, preparándose físicamente para lo que ocurre en la pantalla.
Un ejemplo extremo es la imagen de Lionel Scaloni con “180 pulsaciones en el momento que hay un gol”, una frecuencia cardíaca propia de un atleta joven en máximo esfuerzo. El riesgo es tangible: De Rosa cita estudios en Londres donde los ingresos por infarto de miocardio aumentaron un 25 por ciento tras una eliminación mundialista por penales.
A pesar del estrés y la “desmesura de la respuesta”, el doctor propone una mirada contraintuitiva sobre esta “locura” futbolera. Frente a una cotidianidad marcada por la alineación y el nexo roto con el prójimo, el fútbol opera como un refugio,. Para De Rosa, el estallido de alegría colectiva no es un acto alienante, sino todo lo contrario, “es un momento de cordura dentro de la alienación” de la sociedad moderna.
Al final del día, entre el cansancio y la “algaravía lógica”, el hincha argentino acepta el desgaste. Aunque el trabajo de controlar las emociones sea “muy complicado”, la promesa de un nuevo partido —como el próximo duelo contra Suiza— renueva el ciclo de esta intensidad particular que nos atraviesa la mente y el cuerpo.

