En un nuevo aniversario del 9 de julio que le dió lugar a la independencia de nuestro país, vemos como esa historia fue escrita también con tintes de la provincia de Buenos Aires. Con el calendario escolar teñido de blanco y celeste por el feriado patrio, los distritos bonaerenses se preparan para los festejos con comidas típicas y tradiciones que mantienen viva la llama de un acontecimiento que cambió la historia argentina.
La “página de oro” que la República Argentina escribió el 9 de julio de 1816 no habría tenido la misma redacción —literalmente— sin la intervención de hombres y tierras de nuestra provincia.
La pluma de San Pedro en Tucumán
Una de las curiosidades más notables, y a veces olvidada por los manuales, es que el redactor de todo lo que ocurrió en las sesiones de Tucumán fue un hijo de San Pedro, Fray Cayetano José Rodríguez. un fraile franciscano nacido en dicha localidad bonaerense que cumplió un rol intelectual y político determinante en el nacimiento de la nación, tal es así que aparece mencionado en “BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO ARGENTINO” de Tulio Halperín Donghi.
Junto a Saturnino Segurola, fue uno de los dos primeros bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Buenos Aires creada el 13 de septiembre de 1810, la actual Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
Este franciscano, que fue maestro y consejero de Mariano Moreno, tuvo la inmensa responsabilidad de ponerle palabras al nacimiento de la nación como diputado en el Congreso de Tucumán. Aunque mucho de ese material oficial se perdió con el tiempo, en el Museo Histórico Regional de San Pedro se custodia su memoria como el hombre que, con su pluma, tradujo el deseo de libertad de los pueblos en actas y diarios de sesiones.
El programa “Bonaherencia” de INFOCIELO PLAY recorrió su ciudad natal y dejó registro de las memorias de un bonaerense guardián de la memoria, debido a que su labor es fundamental porque gran parte del material oficial, incluyendo las sesiones y el acta original de la Independencia, se perdió con el tiempo. Lo que hoy conocemos sobre los debates y el día a día de aquel Congreso es gracias a los diarios que Cayetano Rodríguez escribía todos los días.
Además, fue un defensor de la soberanía. Según el historiador sampedrino Américo Piccagli, Rodríguez fue uno de los más férreos defensores de la soberanía territorial del país, postura que dejó plasmada en sus escritos desde Tucumán.

Como poeta fue el autor del primer himno nacional de 1812, de odas en honor a Carlos María de Alvear, al Cruce de Los Andes y a la victoria en la batalla de Chacabuco y del panegírico en honor del General Manuel Belgrano tras su fallecimiento en 1820.
Mientras en Tucumán se firmaba el acta, en la provincia se gestaba el primer hito urbano de la nueva era. Dolores es reconocido como el “primer pueblo patrio”, fundado en 1817 como una medida de seguridad para las áreas rurales de la frontera al sur del Río Salado. Su nacimiento, formalizado con el acta de Monsalvo, ocurrió apenas un año después de la declaración de 1816, marcando el inicio de la ocupación efectiva del territorio bonaerense bajo el signo de la libertad.
La ausencia del “Restaurador” y el sonido de Luján
Nos detenemos en un dato que suele sorprender a los investigadores, en el documento histórico de la independencia, el nombre de Juan Manuel de Rosas no figura al pie. Es una paradoja del destino para quien años más tarde sería el “Restaurador de las Leyes” y un férreo defensor de la soberanía nacional.
Sin embargo, el espíritu de Mayo y Julio se respira en cada pieza del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, en Luján. Allí se resguarda una reliquia de 5.000 kilos: la campana fundida en Sevilla que perteneció a la Catedral de Buenos Aires. Como al Cabildo porteño le faltaba el badajo aquel 25 de mayo de 1810, fue esta mole de bronce la que tuvo que sonar para llamar al pueblo a la plaza. Hoy, en Luján, esa campana permanece como el eco material de un proceso que culminaría seis años después en el Congreso de Tucumán.
Caminar hoy por las calles de San Antonio de Areco —cuna de Juan Hipólito Vieytes, figura clave de la revolución— o visitar la Casa del Acuerdo en San Nicolás, es entender que la independencia no fue un hecho aislado, sino un “pacto de la familia dispersa” que los bonaerenses supieron sostener entre batallas y tratados.
Desde la geolocalización soberana de nuestra #Bonaherencia, el 9 de julio no es solo un feriado; es el recordatorio de que la libertad argentina se escribió con tinta de San Pedro, se defendió en las fronteras de Dolores y sigue resonando en los campanarios de Luján. Porque, a fin de cuentas, la provincia no fue un testigo de la historia, sino su principal arquitecta

