A dos semanas de los sismos de 7.2 y 7.5 grados que sacudieron Venezuela, la ciudad de La Plata recibió con orgullo a una de sus protagonistas en la zona de desastre. Micaela López Fariña, integrante del cuerpo de Bomberos Voluntarios de El Peligro y miembro de la brigada USAR 13, regresó tras una misión extenuante en Caracas y La Guaira.
“Es difícil volver porque es una subida muy alta de emociones”, confesó la rescatista al describir el complejo proceso de readaptación a la vida cotidiana luego del impacto de la catástrofe.
Las declaraciones de Micaela López Fariña fueron realizadas durante una entrevista con el programa “Palabras más, palabras menos”, que se emite en la primera mañana de La Cielo 103.5, donde repasó la experiencia que vivió como integrante de la misión humanitaria desplegada en Venezuela tras los terremotos.
La preparación de la brigada para viajar a la zona del desastre
La brigada USAR (Urban Search and Rescue), especializada en búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, se puso en alerta apenas ocurrió la tragedia. Micaela contó que antes de partir se concentraron en la base operativa de Tapalqué para revisar equipamiento, chequear materiales y organizar la logística personal de cada integrante.
“Tenemos que organizar nuestro trabajo, nuestras familias, y ahí empezó el hecho de decir: ‘Sí, vamos a ir'”, recordó sobre las horas previas al vuelo desde Ezeiza hacia Venezuela.
Una vez en el terreno, el equipo trabajó junto a la brigada USAR 12 de la Policía Federal Argentina, compartiendo campamento y desplegando operativos con escáneres de última generación para detectar posibles señales de vida entre los escombros.
El costado humano de una misión extrema
La situación en La Guaira era crítica. Edificios dañados, viviendas destruidas y familias esperando noticias de sus seres queridos conformaban un escenario desolador. Aunque los rescatistas reciben entrenamiento permanente para este tipo de emergencias, Micaela aseguró que es imposible permanecer indiferente frente al sufrimiento.
“Nuestra vida cotidiana pasa por la emergencia, por ayudar al otro desinteresadamente”, explicó al describir el espíritu que caracteriza a los bomberos voluntarios.
Sin embargo, rechazó cualquier calificativo de heroísmo. “Somos personas comunes y corrientes, no somos héroes. Yo lloro, tengo una nena y dejé a mi hija para ir a ayudar”, expresó con emoción, al remarcar que quienes participan de estas misiones también regresan “heridos” por las experiencias vividas.
En esa misma línea, el jefe de la brigada, Fernando Alessio, les transmitió un mensaje que los acompañó durante toda la misión: “No tenemos que volver rotos de esta situación porque tenemos que seguir ayudando”.
Jornadas intensas y el ejemplo del pueblo venezolano
Durante la misión humanitaria, los rescatistas cumplieron jornadas de 12 horas en distintos sectores afectados, trabajando junto a brigadas provenientes de Francia, Brasil y Jordania. Incluso utilizaron helicópteros de las fuerzas de Estados Unidos para llegar a las zonas de más difícil acceso.
Pero, según Micaela, lo que más la impactó fue la actitud de la población venezolana frente al desastre. “Me choqueó ver a un pueblo totalmente devastado y encararlo con esa predisposición”, relató.
En medio de las dificultades, los vecinos los recibían con muestras de cariño, les gritaban “Messi” o “Boludo” con afecto y compartían lo poco que tenían. “La gente venía y te traía hasta lo que no tenía”, recordó sobre la solidaridad que encontró durante los días de trabajo.
La misión concluyó luego de superar incluso réplicas de 5.2 grados. Para la brigada, el objetivo fue cumplido: regresar a casa después de haber entregado todo su esfuerzo para salvar vidas y asistir a quienes atravesaban uno de los momentos más difíciles de sus vidas.

