El Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja de la NASA (SOFIA, por sus siglas en inglés) confirmó por primera vez la presencia de agua en la parte de la superficie de la Luna iluminada por el sol. Este descubrimiento, resaltan desde Administración Nacional, indica que el agua puede estar distribuida por la superficie lunar y que no se limita a lugares fríos y sombreados.
Las moléculas de agua fueron halladas en el cráter Clavius, uno de los más grandes visibles desde la Tierra, ubicado en el hemisferio sur de la Luna. Observaciones anteriores habían detectado alguna forma de hidrógeno, pero sin distinguir entre el agua y su “pariente químico cercano”, el hidroxilo (OH).
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Según las mediciones, las concentraciones de agua detectadas fueron de 100 a 412 partes por millón, “aproximadamente equivalente a una botella de agua de 12 onzas atrapada en un metro cúbico de suelo esparcido por la superficie lunar”, explican y comparan: el desierto del Sahara tiene 100 veces la cantidad de agua que SOFIA detectó en el suelo lunar.
Vale aclarar que a pesar de que sea una cantidad pequeña, “el descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre cómo se crea y persiste el agua en la dura superficie lunar sin aire” y aún queda por determinar si sería fácilmente accesible para su uso como recurso. Bajo el programa Artemis de la NASA, la agencia busca avanzar en sus investigaciones sobre esta temática antes de enviar a la primera mujer y al siguiente hombre a la superficie lunar en 2024.
Los resultados de SOFIA se basan en años de investigaciones previas que examinan la presencia de agua en la Luna. Cuando los astronautas del Apolo regresaron por primera vez de la Luna en 1969, se creía que el satélite natural estaba completamente seco. Misiones durante los últimos 20 años confirmaron la presencia de hielo en cráteres a la sombra y con otras investigaciones se encontró evidencia de hidratación en lugares más soleados. Sin embargo, no habían podido distinguir su forma: H2O u OH.
SOFIA vuela a altitudes de hasta 13,7 kilómetros. Es un avión de pasajeros Boeing 747SP modificado con un telescopio de 2,7 metros de diámetro que circula por encima de más del 99% del vapor de agua de la atmósfera de la Tierra. Con su Cámara infrarroja de Objeto Tenue para el Telescopio SOFIA (FORCAST, por sus siglas en inglés), el vehículo pudo captar la longitud de onda específica única de las moléculas de agua.
La pregunta que todos se hacen es de dónde sale esta agua. Según los investigadores de la NASA, una hipótesis es que los micrometeoritos que caen sobre la superficie lunar transportando pequeñas cantidades de agua podrían depositarla en el suelo lunar tras el impacto; otra, que podría haber un proceso de dos etapas mediante el cual el viento del Sol entrega hidrógeno a la superficie lunar y provoca una reacción química con minerales en el suelo que contienen oxígeno, creando hidroxilo, mientras que la radiación del bombardeo de micrometeoritos transforma ese hidroxilo en agua.
La manera en que el agua se almacena también plantea interrogantes. “El agua podría quedar atrapada en pequeñas estructuras en el suelo en forma de cuentas que se forman a partir del alto calor generado por los impactos de los micrometeoritos”, señalan. Y agregan: “Otra posibilidad es que pueda estar escondida entre los granos de suelo lunar y protegida de la luz solar, lo que podría hacerla un poco más accesible que si estuviera atrapada en estructuras en forma de cuentas”.
“El agua es un recurso valioso, tanto para fines científicos como para el uso de nuestros exploradores”, manifestó al respecto Jacob Bleacher, científico jefe de exploración de la Dirección de Misión de Operaciones y Exploración Humana de la NASA. “Si podemos utilizar los recursos de la Luna, entonces podemos transportar menos agua y más equipos para ayudar a permitir nuevos descubrimientos científicos“, agregó.
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