Durante el Renacimiento los artistas se inspiraron en el arte clásico griego y romano para representar un cuerpo idealizado que reflejara la divinidad. Miguel Ángel, por ejemplo, talló un crucificado completamente desnudo, como en su obra “Cristo de la Minerva” y “Cristo Resucitado” (con dos versiones, una desnuda y otra más púdica).
La representación de un Cristo desnudo siempre generó polémica, especialmente en el sur de España, donde se solía mostrar a Cristo sufriendo y empapado en sangre.
La versión neoplatónica idealizada, más en línea con el Renacimiento italiano, contrastaba con esta tradición.
En este día de Pascua el hilo de “X” de un usuario español experto en arte renacentista provocó la sorpresa de muchos, que desconocían la existencia de obras que muestran a Cristo desprovisto de cualquier prenda de vestir, y mostrando sus partes.
AQUÍ EL HILO COMPLETO DE CRISTO DESNUDO
No es frecuente ver a Cristo representado íntegramente desnudo. Sin embargo, Miguel Ángel, y otros artistas, lo hicieron más de una vez.
Buonarotti lo muestra resucitado, con expresión serena, libre de estigmas y abrazado a la Cruz como símbolo de salvación.
La talla tiene una curiosa historia que merece la pena conocer…
Miguel Ángel recibió el encargo en 1514, pero cuando lo tenía casi terminado apareció una veta oscura en la mejilla izquierda. El artista, atendiendo a su perfeccionismo, dejó inacabada la escultura y comunicó a sus clientes que iniciaría un nuevo proyecto, a pesar de que el tiempo le apremiaba por el contrato que tenía con sus concomitentes.
Esta es la segunda versión que termina en 1520, y presenta ciertas diferencias con la primera. En este caso, la figura es helicoidal y gira hacia la izquierda rodeando la Cruz con los brazos.
Ambas son a tamaño natural, portan cruces similares e incluyen elementos de la Pasión. Su estudio anatómico es fabuloso, realzado aún más por el contrapposto.
Las dos fueron concebidas para ser mostradas con absoluta desnudez, no obstante. a la segunda escultura le fue añadido el paño de pureza en el siglo XVII.
Es una de las obras más admiradas de Miguel Ángel, conocida como Cristo de la Minerva por hallarse en un templo dedicado a la diosa, de ahí el nombre de la iglesia: Santa María Sopra Minerva, de Roma.
Mucho antes, hacia 1493 y con apenas dieciocho años, Buonarroti había realizado un crucificado en madera policromada.
Fue una obra de juventud, y quiso hacerla como agradecimiento al prior que le acogió en el convento del Espíritu Santo, de Florencia.
Allí estuvo un tiempo viviendo mientras se formaba.
Le permitieron examinar los cadáveres que había en el hospital del convento, esto le ayudó bastante en sus estudios de anatomía, hecho que le sirvió para reflejarlo más tarde en sus obras.
Este crucificado, exceptuando la cabeza, muestra el cuerpo de un adolescente en el que podemos apreciar líneas muy suaves, con formas proporcionadas, sin visos de musculatura.
Además, su apariencia transmite calma y aceptación, no hallamos en él señales de dramatismo alguno.
Miguel Ángel no fue el único que representó a Cristo plenamente desnudo.
OTROS CRISTOS DESNUDOS DEL RENACIMIENTO
Cellini esculpió a su Cristo Blanco hacia 1562. Pretendía usarlo para su propia sepultura porque, según sus diarios, había sido producto de un sueño. Total desnudez en un crucificado bellísimo y de gran realismo, clavado en una Cruz de mármol negro y carente de cualquier patetismo. La cabeza está inclinada hacia la izquierda y muestra serenidad en su rostro.
Finalmente, la pieza fue adquirida por la familia Médici y, al parecer, por un valor muy inferior al verdadero.
En 1576, Francisco I de Médici decide regalársela al rey español, Felipe II.
Es trasladada a la Basílica de El Escorial y la sitúan cerca del coro, lejos del altar, privando en cierto modo su visión.
En 1994, la talla es restaurada y la cubren con un paño de tela que luce en su actual ubicación: la capilla de los Doctores.
Un siglo antes, otro genial artista, había tallado una pieza maravillosa.
UN CRISTO CON MENOS DOLOR
En torno a 1415, Brunelleschi esculpe este crucificado en madera policromada. Una imagen delicada y armoniosa que revela la divinidad de Cristo en una figura que incluso detalla su herida sangrante como señal del martirio. Sin embargo, su apariencia no refleja dolor, no hay atisbo de sufrimiento.
El autor lo mantuvo consigo, y poco antes de morir lo donó a los dominicos. Desde entonces permanece en la iglesia de Santa María Novella, en Florencia.
Las crucifixiones romanas, además de ser un castigo extremadamente cruel y doloroso, tenían por costumbre exhibir a los reos completamente desnudos para mayor humillación y escarnio.
Las obras citadas a lo largo del hilo y dedicadas a Cristo fueron realizadas durante el Renacimiento italiano.
El humanismo era la principal característica de esta etapa, valorar al hombre por encima de todo, retomando para ello la cultura clásica. Una concepción antropocéntrica del mundo cuyo interés radicaba, esencialmente, en lo humano, lo bueno y lo bello.
La Iglesia se vio muy influenciada por ese periodo; no olvidemos que los papas se constituían en mecenas de los diversos artistas del momento y éstos comenzaron a introducir en sus obras el desnudo. Poco a poco se impuso en lugares sagrados, llegando incluso a la Capilla Sixtina.
Los renacentistas buscaban el ideal de belleza a través de una representación realista del hombre, que es la obra más perfecta de Dios.
La humanidad de Cristo se refleja en estas obras, su imagen muestra un cuerpo de hombre perfecto que, además, presenta su divina naturaleza.
















