En el ecosistema de las plataformas de contenido adulto, está emergiendo un fenómeno que descoloca las estadísticas: el auge del “GfE” (Girlfriend Experience). No se trata de un video o una foto; se trata de una persona del otro lado de la pantalla que, durante horas, simula —o construye— un vínculo de pareja real. Este fenómeno se acrecentó notablemente desde la pandemia, naciendo de la sensación de soledad de las personas.
“Pagar para que me pregunten cómo estoy”
Del otro lado de la pantalla hay alguien que sabe que el cliente no busca solo satisfacción sexual, sino atención personalizada. Estas personas pasan el día respondiendo audios de “buen día”, escuchando problemas laborales o dando consejos sobre cómo tratar con un jefe. La paradoja del servicio es que la “novia o novio virtual” termina funcionando como una escucha permanente, una oreja de guardia o ese hombro amigo donde se siente como “refugio”. En una Argentina donde el acceso a la salud mental es un lujo y el tiempo de los amigos es escaso, pagar por una escucha disponible se vuelve una solución de mercado a un problema afectivo.
La particularidad es la fidelización por afecto; el usuario no se suscribe a una imagen, se suscribe a una persona a través de un proceso de validación mutua. Se genera un vínculo de necesidad, el usuario necesita ser escuchado y la persona del otro lado necesita esa suscripción para pagar las cuentas mediante tarifas y reglas claras. Es una transacción de vulnerabilidades.
Con sueldos por vínculo entre los 50 y 200 dólares por semana, se conectan a través de una plataforma donde, en algunos casos, es una agencia la intermediaria. La interacción se realiza a través de videollamadas, intercambio de imágenes o de mensajes. Relatos de mujeres que ejercen este trabajo hace un par de años, ya hablan de ingresos entre 3 mil a 5 mil dólares mensuales.
Según testimonios que se volvieron virales en redes sociales, el sexting y plataformas como Only fans -intercambio voluntario de mensajes, fotos o videos con contenido erótico, sexual o pornográfico a través de teléfonos celulares y redes sociales- es la puerta de entrada a un vínculo que tiende a ir más allá de lo sexual y termina transformándose en una compañía para hacerle frente a la soledad.
El sexo como excusa
Muchos creadores de contenido confiesan que pasan el 90 por ciento del tiempo chateando sobre la vida cotidiana y solo el 10 por ciento enviando contenido explícito. La atracción real es la sensación de que “hay alguien ahí” que se preocupa por vos, aunque sea por una tarifa.
Se produce una tercerización del afecto, la persona del otro lado ofrece una escucha activa que, por la naturaleza del contrato, no está contaminada por el intercambio mutuo de problemas que requiere una amistad real.
El punto de quiebre aquí es la mercantilización de la empatía. Estamos ante una sociedad que, ante el desfinanciamiento de sus redes de contención reales, empieza a “tercerizar” el afecto. La soledad en Argentina hoy no es solo “sentirse solo”, es una consecuencia de la pérdida de espacios. Cuando el presupuesto se achica, lo primero que se corta es la salida como el café con amigos, el club o las actividades culturales. Pero no es solo una barrera lo económico, sino también la sobrecarga del trabajo, los vínculos y la vida social.
En la era de la hipercomunicación, la velocidad de los vínculos se ha vuelto frenética pero superficial. Como plantea el filosofo Byung-Chul Han, vivimos en la “sociedad del cansancio”, donde el sujeto se explota a sí mismo hasta el agotamiento. En este contexto, el amor real se vuelve “demasiado lento” y “demasiado pesado”. La novia virtual o el vínculo por suscripción eliminan la resistencia del otro:es una relación sin riesgos, sin conflictos y, sobre todo, sin esperas. Es la comunicación sin comunidad, donde el intercambio es inmediato pero carece de la profundidad del encuentro cara a cara.
En este sentido, el hogar se vuelve una fortaleza de aislamiento. La persona se queda sola con sus problemas para no “cargar” a un entorno que ya está saturado por la misma crisis y recurre a otro humano vendiendo su energía emocional para no sentirse solo. La pregunta que queda flotando es qué pasa con esos dos sujetos cuando la conexión se corta porque el pago no entró. Es la forma más cruda y actual de la intimidad en tiempos de crisis.
Novias creadas con IA, otra tendencia a la que recurren cada vez más hombres para evitar el rechazo
Esta tendencia tiene un anclaje generacional muy marcado ya que los principales consumidores son hombres de entre 22 y 35 años, aunque la apertura hacia estas conexiones emocionales sintéticas es significativamente mayor entre la Generación Z.
Reportes de sitios líderes en el sector indican que la mitad de los hombres jóvenes prefieren una novia artificial antes que intentar una relación con una persona real, motivados por el miedo al rechazo y la búsqueda de un espacio donde no se sientan juzgados. El mercado se ha diversificado con bots que van desde asistentes románticas hasta perfiles orientados a la dominación, con planes de suscripción que prometen “memoria de por vida” para que la IA recuerde cada detalle de la charla y fortalezca el lazo afectivo.
Sin embargo, el fenómeno enciende alarmas respecto de los más jóvenes. A pesar de las advertencias de edad, los adolescentes acceden con facilidad a estos entornos donde la falta de límites y reciprocidad humana puede distorsionar su aprendizaje sobre el consentimiento y la intimidad.
Especialistas en psicología advierten que sustituir lo real por lo artificial a edades tempranas podría derivar en una “epidemia” de aislamiento, resultando en habilidades sociales empobrecidas y una tendencia a la ansiedad o la frustración cuando se enfrentan a los vínculos humanos reales, que son intrínsecamente complejos y no siempre están diseñados para complacer.

