El caso que mantiene en alerta a la comunidad médica por el desvío de anestésicos de uso hospitalario para reuniones privadas, que tomó dimensión tras la muerte del anestesista Alejandro Zalazar suma nuevo capítulo. En este caso, el conflicto escala a la provincia de Buenos Aires donde una anestesióloga fue acusada de sustraer fentanilo y Propofol.
Esta situación ocurrió en el Hospital Municipal Dr. Bernardo A. Houssay de Vicente López, cuando un farmacéutico notó un patrón en el inventario que no cerraba. La anestesióloga que formaba parte de la institución, hoy enfrenta cargos y fue detenida, acusada de realizar el robo mediante recetas falsas —incluso a nombre de su propia madre para cirugías inexistentes—. Estas sustracciones es solo la punta del iceberg de una trama que mezcla medicina, consumos problemáticos y un mercado negro de alto nivel.
El médico toxicólogo, Carlos Damin presidente del Hospital Fernández en comunicación con Infocielo opinó sobre este caso y expreso que “es un hecho lamentable, sobretodo cuando hablamos de personas muy jóvenes”. Hizo hincapié en la salud mental, los consumos problemáticos y los riesgos de estas sustancias en particular, resaltando que “un anestesiólogo claramente es un experto en farmacología. Quizás por omnipotencia sienta que puede manejar las sustancias, porque, de hecho, lo hace cuando la suministra a un paciente”.
El camino del fentanilo
Consultado sobre la trazabilidad de los medicamentos, Damin pone de ejemplo el caso de Vicente López donde se terminó denunciando las irregularidades en los inventarios, destacando el accionar mismo hospital que disparó la alerta. “El Propofol, el fentanilo, son sustancias muy controladas, que llevan todo un recorrido. Se va escribiendo y se va dejando el registro del paso del medicamento, con lo que, si bien el método no es infalible, es difícil que pueda ser vulnerado fácilmente”, explicó.
¿Por qué ahora el consumo es distinto?
El consumo de sustancias durante mucho tiempo estuvo asociado a la marginalidad y a la búsqueda de euforia, este fenómeno denominado popularmente como “Propofest” marca un quiebre; ya no se trata de la búsqueda de euforia, sino de un “viaje controlado” hacia la desconexión total. Es muy particular la forma de consumo de estas sustancias y que los protagonistas sean los propios anestesistas quiénes buscan la “anestiarse” genera mayor curiosidad.
Frente a esto, el toxicólogo explica que “si tiene un problema en su salud mental que está buscando placer de una manera no convencional o de una manera riesgosa porque le guste caminar por el límite, bueno, puede ser entonces que termine eligiendo una sustancia de este tipo”.
El fentanilo es un opioide muy potente, incluso más que la heroína, y el Propofol es un sedante de acción rápida y como la sobredosis sobreviene muy fácilmente son los anestesiólogos, especialistas en este tipo de medicación quiénes lo controlan. No son medicamentos que puedan comprarse en una farmacia, por eso, solo se puede acceder a ellos mediante hurto.
Damin sostiene que “el nombre de Propofest de movida es un es un nombre desafortunado, porque digamos que cuatro anestesiólogos mal utilizando una medicación, no podemos hablar de Propofest. El peligro real de estas sustancias, sin duda, es si trascienden el médico”.
Por su parte, el Fentanilo es una sustancia que en Estados Unidos provoca cien mil muertes al año producto de un mercado ilegal. Sin embargo, Damin, insiste que en nuestro país son sustancias muy controladas que dificulta un desvío grande por lo que destaca que “por el momento pareciera ser algo muy reducido o muy controlado”. Mientras insiste que estamos lejos de pensarlo como una crisis de opioides, sostiene que hay que prestarle atención “porque puede ser algo dramático en el caso de que ingresara el fentanilo en nuestro país”.
La vulnerabilidad detrás del guardapolvo
A diferencia de otras crisis de estupefacientes, las víctimas y victimarios de este esquema comparten rasgos específicos un poder adquisitivo alto y el tener acceso privilegiado, son profesionales que conviven diariamente con estas sustancias.
Al ser expertos, creen poder administrar la dosis exacta para “entrar y salir” del trance sin morir pero la realidad lo desmiente y el hallazgo reciente de un médico de 31 años muerto en Palermo con una vía intravenosa conectada es la prueba de que el “margen de error” en estas drogas es casi inexistente.
En este sentido, Damin explica que “tienen que tener un conocimiento sobre el tema para poder usarlo, con lo que no es de fácil acceso para para las personas no médicas, no profesionales de la salud”.

