Por segundo año consecutivo Estudiantes alcanzó los cuartos de final de la Copa Libertadores. Con una goleada a domicilio, el Pincha dejó en el camino a la Católica y se metió entre los mejores ocho equipos del certamen. Un triunfo arrollador que invita a soñar e ilusionarse.
El Pincha fue pura eficacia y jerarquía, todo lo que se necesita para soñar en grande en la Copa Libertadores. Hizo un partido inteligente de principio a fin y dominó con comodidad el desarrollo del partido. Comenzó algo dubitativo, le costó meterse en partido, pero cuando lo hizo no dejó lugar a dudas.
Y extrañamente el punto de inflexión que lo metió de lleno en el encuentro fue la lesión de Tiago Palacios. O mejor dicho el ingreso de Joaquín Correa. El Tucu ingresó con mucha determinación y clavó un golazo que destrabó el partido. A partir de allí, fue todo del equipo de Medina.

Si bien pasó algún sobresalto defensivo y Muslera fue exigido en alguna oportunidad, Estudiantes controló el partido y rápidamente, en el complemento, estiró la ventaja para comenzar a liquidar la historia. Sobre el final, para que no haya ningún tipo de susto, Carrillo volvió a aparecer y le bajó la persiana a la serie.
De esta manera, con mucha contundencia y claridad, Estudiantes superó a la Católica en Chile y se metió entre los mejores ocho equipos de la Libertadores. Ganó el Clásico, superó los octavos de la Copa y ahora espera por Rosario Central o Corinthians, con el ánimo en lo más alto y más ilusionado que nunca.

