Lo que ocurrió con Marcos Galperín no admite demasiados atenuantes porque fue clara y sencillamente una burla. Frente al relato angustiante de una jubilada que explicaba que no podía pagar sus medicamentos ni sostener sus gastos básicos, el empresario (valuado por la revista Forbes en torno a los 6.000 millones de dólares) reaccionó con una risa pública. Un emoji, un gesto breve pero brutal en su contenido real y simbólico.
La secuencia fue incómoda desde donde se la analice. Primero, el video viral de la mujer describiendo su situación límite. Después, la reacción de Galperín con una sonrisa porque la mujer ni había hecho aportes previsionales. Y finalmente, el estallido en redes, donde miles de usuarios sintetizaron lo evidente, indignación pura y dura.
“Se ríe de alguien que no tiene para vivir””No es torpeza, es desprecio”
Frente a la cámara de TN, la mujer usó pocas palabras para resumir una crisis que millones atraviesan en silencio. Cuando la periodista le preguntó cuál era su noticia del día, respondió sin titubear: “Mi noticia es que, como jubilada, no puedo vivir; es la noticia de todos.” Y completó, indignada pero serena: “Los remedios que nos sacaron tendrían que haberlos dejado. Ahora tengo que pagar los remedios, tengo que pagar todo, y no me alcanza. No me gusta pedirle a mis hijos.”
La frase que encendió la mecha fue otra. Al preguntarle de qué había trabajado, la mujer respondió “Nunca trabajé.”
Esa “confesión” (que en realidad era la de una vida entera dedicada al trabajo doméstico y la crianza, invisible para el sistema previsional) fue el fragmento que un usuario troll recortó, reencuadró con el epígrafe “Kukismo en estado puro” y publicó en X. Fue exactamente ese posteo el que Marcos Galperin eligió repostear con un emoji de risa, como convalidando la afirmación anti kirchnerista.
Beneficios bajo la lupa
A partir de ahí, la discusión escaló hacia un terreno más estructural. Los usuarios en redes recordaron los beneficios impositivos que recibe Mercado Libre, una empresa que cotiza en el Nasdaq, la bolsa tecnológica estadounidense, con una capitalización bursátil que superó los 80.000 millones de dólares en 2024, y que registró ingresos netos globales por encima de los 14.000 millones de dólares ese mismo año.
La compañía fue favorecida por la Ley de Economía del Conocimiento (N° 27.506), que entre sus beneficios incluye reducción de hasta el 60% en el Impuesto a las Ganancias, un bono fiscal de hasta el 70% sobre contribuciones patronales, transferible o aplicable a otros tributos nacionales y estabilidad tributaria garantizada hasta 2029. Antes, también había sido alcanzada por la Ley de Software (N° 25.856), con beneficios similares durante años.
Este contraste se volvió consigna: “Para los poderosos, beneficios; para los jubilados, ajuste””El Estado sirve para enriquecer, pero no para sostener”, decían muchos enojados.
Ese contraste tiene un correlato concreto en los números. Mientras Mercado Libre acumula exenciones millonarias, más de 3 millones de jubilados en Argentina cobran la mínima, con cifras que no cubren la canasta básica del adulto mayor. La brecha entre lo que se cobra y lo que se necesita para vivir es, en promedio, de más del 35%.
La lógica del descarte
Lo que terminó de encender la indignación fue lo que muchos leyeron detrás del gesto, es decir una concepción donde solo merece protección quien “aportó” dentro del sistema formal. No, por ejemplo, quienes se jubilaron como amas de casa en épocas kirchneristas.
En redes circularon frases que reflejan esa mirada atribuidas al propio Galperin en distintas intervenciones públicas y redes sociales: “Si no aportaste, no deberías cobrar nada””Ser ama de casa no es trabajo”.
Esa lógica, profundamente excluyente, choca con una realidad demográfica y estructural: según la ANSES, más del 40% de las mujeres que hoy cobran jubilación lo hacen mediante moratorias previsionales, dado que sus trayectorias laborales (marcadas por el trabajo doméstico no remunerado y la informalidad durante décadas) no alcanzaban los años de aportes exigidos. Negarles el derecho equivale a penalizar una desigualdad histórica que el propio Estado nunca resolvió.
Desde la mirada del empresario y los libertarios que lo defienden a capa y espada, la defensa se apoyó en argumentos “técnicos”:
“Lo que recibe Galperín no son ‘técnicamente’ subsidios, sino incentivos productivos… Mercado Libre genera empleo y desarrollo”, dicen para justificarlo.
Queda la pregunta de fondo: ¿puede el dueño de una compañía valuada en decenas de miles de millones de dólares reclamar al mismo tiempo exenciones del Estado y burlarse de quienes ese Estado no logra proteger?
El síntoma y la escena
La burla no fue únicamente un detalle. Más bien fue un síntoma. Y, sobre todo, un síntoma de época. En una sociedad donde el 10% más de la punta de la pirámide de ingresos concentra más del 40% del total, este gesto del empresario más rico y beneficiado por La Libertad Avanza, desnuda una mirada profundamente deshumanizante.
La jubilada del video es un caso testigo. Es la regla de lo que está sucediendo. Y la risa de Galperin, en ese contexto, además de una torpeza comunicacional, es la más pura expresión descarnada de una grieta que no es política, sino de clase y de humanidad.

