La crisis en discapacidad en Argentina suele ponerse en manifiesto a través de estadísticas y debates presupuestarios, sin embargo hay historias de resistencia que hoy se trasladan a las calles.
En un contexto de movilización, Karina Herrera, militante por los derechos de las personas con discapacidad en dialogo con “Palabras más, Palabras menos” por La Cielo, FM 103.5 cuenta su historia personal.
Herrera, mamá de Santiago y Julián —ambos con autismo—, lucha contra un sistema que parece diseñado para expulsarlos. “El contexto del tema de la discapacidad es muy amplio; en general, de cada diez, siete u ocho mamás estamos solas a cargo de hijos e hijas con discapacidad”, relata Karina, subrayando que se trata de hogares “monomarentales” donde el peso de la crianza y la burocracia recae exclusivamente sobre ellas.
La situación se agrava por un vacío legal que ignora la realidad de estos hogares. Karina denuncia que el sistema judicial y administrativo suele ser un obstáculo “tenemos la mala suerte de que los progenitores ponen palos en la rueda en todo lo que tiene que ver con el sistema judicial”. Incluso en casos de abandono, Anses considera al padre dentro del grupo familiar si tiene ingresos registrados, bloqueando cualquier ayuda estatal. “Vos estás sola con todo, para cobrar lo que le corresponde a tus hijos tenés que hacerle juicio por cuota alimentaria, son 7 u 8 años de juicio”, explica sobre la desesperante lógica oficial,.
La trampa de la “invalidez laboral”
El debate actual se centra en una reforma que busca devolver las pensiones a una lógica del pasado. Herrera advierte que el nuevo proyecto oficial vuelve al concepto de “invalidez laboral”, lo que implica que si una persona con discapacidad consigue empleo, pierde el beneficio. “Eso es básicamente volver a la lógica de la invalidez; te ayudo con dos mangos solo si no podés trabajar o si no conseguís trabajo”, sentencia con dureza,.
Actualmente, el monto de la pensión, incluyendo bonos, ronda los 336.000 pesos, una cifra que Herrera califica como insuficiente pero vital, “si bien no sirven para mucho, para las personas con discapacidad que nos cuesta tanto poder tener un trabajo formal, es una gran ayuda”. Sin embargo, acceder a ella es una odisea, ya que se exige “estar realmente siendo una persona indigente”.
Un sistema que falla en salud y educación
La crisis no es solo económica; es una vulneración sistemática de derechos básicos. “Nos encontramos con un montón de casos donde se ven avasallados los derechos; tanto en el área de salud como en el área de educación como también en el área laboral”, señala Karina. Las escuelas, asegura, no están preparadas para la integración plena: “Nadie absolutamente nadie está preparado para afrontar un caso, porque todos los casos son distintos”.
A esto se suma la precarización de los prestadores y acompañantes, quienes sufren atrasos de meses en sus pagos, poniendo en riesgo la continuidad de las terapias fundamentales para niños como Santiago, que tiene autismo no verbal.
“Están incumpliendo los tratados internacionales a los cuales adherimos como país, nuestra convención está dentro de la Constitución”, firma Karina, para ella la situación es de una gravedad institucional extrema, ya que se incumplen tratados con rango constitucional
Estudiar Derecho para defender a sus hijos
La historia personal de Karina refleja el nivel de desamparo porque, tras años de ser “escudo humano” de sus hijos frente a la violencia de un progenitor que no aceptaba la discapacidad, hoy enfrenta secuelas físicas y lleva dos años sin contacto con los niños. “Yo tengo discapacidad por haber sido escudo humano de mi hijo Santiago, eso me trajo secuelas físicas porque obviamente los golpes dejan secuelas”, confiesa.
Ante la falta de respuestas y la violencia institucional sufrida, decidió tomar el camino más difícil “en medio de esa situación terrible, estoy estudiando abogacía”. Su objetivo es claro, pelear contra un Estado que parece esperar a que la “ley de emergencia” se venza en diciembre para desentenderse del problema.
Mientras tanto, el día a día sigue siendo una batalla contra la hostilidad del entorno, “las madres no somos eternas; tenemos que tratar de que entiendan que el mundo muchas veces va a ser hostil, pero que tenemos que irnos adaptando de a poquito”, finalizó.

