En un rincón del universo animalista, donde perros y gatos suelen llevarse todas las miradas y los likes, existe una organización que se anima a ir más allá. Mucho más allá. Se trata de Team Ratas, una ONG que no solo rescata ratas y ratones de laboratorios y situaciones de abandono, sino que les da un lugar de privilegio como animales de compañía.
Sí, ratas. Las mismas que suelen provocar gritos en la calle, las mismas que Hollywood convirtió en símbolo de peste o villanía, son para este grupo de activistas criaturas adorables, sociables y dignas de una familia.
EL PROCESO DE ADOPCIÓN
El funcionamiento de Team Ratas es prolijo, meticuloso y, por qué no decirlo, con una cuota de “frikismo” entrañable. Para adoptar una ratita —como les gusta llamarlas— primero hay que presentar fotos: una de la jaula (que debe cumplir ciertas dimensiones y características), otra de la zona genital del roedor (para corroborar el sexo) y otra del espacio donde vivirá. Nada se deja librado al azar.
Las jaulas no pueden ser ‘peceras’, deben tener barrotes, bandeja plástica o metálica, bebedero de bolilla y un sustrato que puede ser desde papel prensado hasta marlo de choclo, pero jamás aserrín o arena para gatos. El control de calidad parece el de un aeropuerto internacional.
La alimentación tampoco es un detalle menor. Se sugiere el uso de balanceado específico —de marcas como Ganave— y se alienta a complementar la dieta con frutas (no cítricas) y verduras aptas. Incluso hay recetas de mezclas caseras, pensadas para balancear nutrientes como si se tratara de “Ratatouille” o un gourmet ratuno.
En la página del Team hay listados completos de alimentos, veterinarias de exóticos, y consejos para la correcta presentación de un nuevo miembro a una manada ya establecida. Porque, parece, las ratas son sociales, necesitan compañía, y su introducción a un grupo ya existente puede ser compleja. Los pasos para una correcta presentación se detallan con la seriedad de un tratado de diplomacia internacional.
LA ENTREVISTA QUE DISPARÓ SU FAMA EN LA PLATA
Todo esto que parece digno de un fanatismo excéntrico, cobró notoriedad recientemente gracias a una nota del canal local Somos La Plata. Allí, una integrante del Team relató cómo rescataron una caja repleta de ratones domésticos —no salvajes, como se apuraron a aclarar— abandonada en la vía pública.
Eran ratones de laboratorio, machos y hembras, algunos adultos y otros bebés, y la preocupación principal era que “puedan venir con sorpresitas”, es decir, preñadas. La entrevistada explicó con ternura y convicción cómo estos animales son inofensivos, cómo pueden convivir con gatos si se los acostumbra y cómo el rechazo social hacia ellos es injusto y basado en la ignorancia.
Sin embargo, por más noble que sea la causa, es imposible no notar el tono cuasi devocional con el que se manejan algunos de sus integrantes.
En un pasaje de la entrevista, la vocera lamenta que si en lugar de ratones hubieran sido gatitos, la gente estaría llorando, pero como son ratitas, muchos reaccionaron con odio. Y no falta razón. Pero también es cierto que hay una mística casi religiosa en torno a estos animales, una especie de redención roedora que despierta cierta extrañeza en quienes no estamos habituados a pensar a una rata como un ser tierno, digno de mimos y selfies.
Team Ratas tiene centros de tránsito en distintos puntos del Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma. Están organizados por sexo, con jaulas especiales, y un compromiso de por vida. Si no podés garantizar eso, mejor no adoptes, advierten. Porque “la familia no se devuelve”.

El mensaje final, más allá del mundo peculiar que rodea a esta organización, es potente: incluso los animales más marginados merecen una segunda oportunidad. Y si para lograrlo se necesita un ejército de fanáticos de los bigotes largos y las colitas móviles, bienvenido sea. Aunque algunos los miren de reojo, ellos siguen rescatando vidas. Y eso, friki o no, siempre será admirable.
LOS CENTROS EN LA PLATA
Actualmente, Team Ratas cuenta con cuatro centros activos en la ciudad de La Plata, todos diferenciados por sexo para evitar reproducciones no deseadas. Dos funcionan dentro del casco urbano y otros dos en los barrios de Villa Elvira y Gonnet.
Estos espacios operan como núcleos de tránsito, contención y entrega de animales, y en ellos se realiza el seguimiento sanitario, la socialización y el emparejamiento adecuado antes de que cada ejemplar sea entregado en adopción.
Coordinados por voluntarios que dedican su tiempo y recursos personales, estos centros funcionan como un engranaje clave dentro de una red más amplia. Desde ahí, ratas y ratones —otrora despreciados, hoy en busca de una segunda oportunidad— comienzan una nueva vida en hogares que los reciben como parte de la familia.

