El sitio Chequeado.com se encargó de desmentir con datos corroborados científicamente dos de las mentiras que en una entrevista televisiva de bajo rating, pero muy viralizada en redes, le hiciera Viviana Canosa a la ya célebre por sus declaraciones altisonantes, Dra. Chinda Brandolino. Una de ellas estaba ligada directamente al aborto porque según la profesional aseguró, las vacunas están fabricadas en base a fetos abortados.
Frente a esto, el sitio que tiene como razón de ser justamente chequear la veracidad o falsedad de determinadas afirmaciones aclaró:
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“La versión de que las vacunas contra la hepatitis A, rubéola, varicela, herpes zóster y rabia poseen células de fetos abortados surge luego de que apareciera en redes una supuesta respuesta a un pedido de acceso a la información pública hecho a la ANMAT. La entidad afirmó que esas vacunas poseen “líneas celulares MRC-5 y WI-38, ambas compuestas por fibroblastos tomados de pulmón de feto humano”.
“Sin embargo, eso no significa que todas las vacunas fabricadas con esa línea celular tengan células de algún feto producto de un aborto”.
Luego el sitio “Chequeado” consultó a Carla Vizzotti, secretaria de Acceso a la Salud del Ministerio de Salud de la Nación, quien les explicó que “una línea celular surge a partir de una única célula humana obtenida en algún momento”, y que “luego se utilizan copias de esa célula”, por lo tanto “es falso que se necesitan fetos abortados para producir una vacuna, ya que se produce con una copia de esa célula original ”.
Para agregar más detalles Vizzotti añadió “las células originales se obtuvieron de un feto en la década del 60 durante un brote de rubeola y se trató de un aborto causado por un síndrome de rubéola congénito secundario a una infección por el virus de la rubéola”.
Además, Guadalupe Nogués, doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y experta en la discusión pública sobre vacunas, ya había publicado en marzo de 2019 en su cuenta de Twitter, 3 “hilos” que explican este mito. “Una línea celular humana se originó con células humanas en algún momento, pero las células de una línea celular que se usan hoy en un laboratorio son hijas de otras que estuvieron en un laboratorio. O sea que no se usan ‘fetos’ de algún aborto para hacer estas vacunas, sino líneas celulares que sí provinieron una vez de un feto”, señaló Nogués.
La otra de las afirmaciones falaces de la médica platense Brandolino había sido el mito instalado de que las vacunas producen autismo.
De cara a esa peligrosa aseveración en un medio de comunicación masivo, el sitio chequeado constató que “A diferencia de lo que señaló Brandolino en el programa de Canosa, las vacunas no provocan autismo”.
Gustavo Sevlever, médico del Laboratorio de Neuropatología de FLENI y director de Docencia e Investigación de la institución, explicó que este mito lo inició el médico inglés Andrew Wakefield en la década del 90 y que, “desde entonces, cualquier conexión directa entre el autismo y la vacuna ha sido desacreditada por estudios investigando la epidemiología del autismo y los efectos biológicos de la vacuna”.
Tras los dichos de Wakefield, la Organización Mundial de la Salud (OMS) encargó en 2002 una investigación sobre el riesgo de autismo asociado con la vacuna MMR donde se concluyó que no existe una asociación causal entre la vacuna y el autismo o trastornos autistas.
Wakefield tuvo que retractarse de su trabajo y perdió su licencia.
¿Sucederá algo similar alguna vez en Argentina con la Dra. Chinda Brandolino?
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