La disputa por las Islas Malvinas no es solo una cuestión de mapas, sino una batalla por el relato que se libra cara a cara en los organismos internacionales. Una disputa por el sentido que una bandera improvisada, pintada sobre una sábana de hotel, en medio de un mundial de fútbol, reavivó como nunca.
Clara Vernet, descendiente del primer gobernador argentino en las islas, relató con crudeza cómo el Reino Unido construyó y sostiene una arquitectura de negación para borrar el pasado de quienes habitaron el archipiélago antes de la usurpación de 1833.
Para Clara, la táctica británica en las Naciones Unidas es una inversión cínica de los principios internacionales. Así describe la “puesta en escena” en el Comité de Descolonización: “Tras la guerra, el Reino Unido adoptó la estrategia de sentar en el comité de descolonización a los isleños y promover un discurso de autodeterminación de los pueblos. Es tremendo, porque es una figura que se hizo justamente para combatir el colonialismo encabezado por el Reino Unido, ahora utilizado a su favor con una población implantada”, narró, en una extensa entrevista en el stream Parecemos Buenos Amigos, de INFOCIELO PLAY.
Esta estrategia busca transformar a la Argentina, en el imaginario internacional, de víctima de una usurpación a victimario imperialista: “Dicen: ‘Ahora van a escuchar a los argentinos, esta potencia que nos quiere ocupar, que quiere destruir a nosotros que somos tan pequeños, esta potencia imperial’. Dicen que es una historia inventada porque allí no hubo pueblo. Es una ficción y sitúan que fue un invento de Argentina alrededor de la mitad del siglo XX con los populismos”, añadió.
La soberanía en los detalles: El piano y los jardines
Frente a la acusación de “historia inventada”, Clara opone lo que denomina “soberanía encarnada”, documentada en los diarios de vida de sus antepasados, María Sáez y Emilio Vernet, que registran el proyecto de país que se desarrollaba en Puerto de la Soledad entre 1823 y 1831. También hay testimonio de esa voluntad y de esa acción política en los tiempos de la Primera Junta y en la pluma de José de San Martín.

“Mi papá contaba la historia de María y lo que allí nos ha dejado. La importancia documental de ese diario es tremenda. María se llevó desde Buenos Aires su piano y tocaba y bailaban ahí. Ella hacía su jardín y ponía flores. Hay documentos que así lo atestiguan, los tenemos ahí a nuestro alcance”, sostuvo en otro fragmento.
En esos documentos no sólo constan las impresiones y el día a día de seres humanos, sino toda la logística que implicaba sostener un asentamiento humano en las Islas Malvinas.
“No leo ficción”: la provocación del usurpador
Sin embargo, en el ámbito diplomático, estos documentos son recibidos con hostilidad. Clara recuerda un discurso de la funcionaria británica Leona Roberts, quien llegó a tildar de mentirosos los recuerdos de su padre sobre los jardines de Malvinas: “Me impactó mucho porque Leona Roberts dijo en un discurso: ‘Alguna vez me tocó estar aquí y escuchar a alguien que decía que su abuela había creado ahí jardines y que había plantado flores, y eso es mentira’. Yo creo que ese era mi papá”, contó.
Vernet eligió acercarle a Roberts la bibliografía documental que respaldaba aquello. “Por eso, me llevé los libros con los diarios de María y de Emilio en tanto documento para dejar en el comité y decidí que tenía que entregárselos a ellos para que se anoticien de que sí había otro pueblo”, explicó.
“Me acerco con estos dos libritos a Leona Roberts y le digo: ‘¿Dónde quiere que se los deje?’. Ella me miró con su mejor cara de guacha y me dice: ‘No leo ficción’. Así fui haciéndolo a toda la comitiva presente y fui negada en la recepción por todos. Solo una inglesita muy joven se sonrojó y bajó la cabeza, pero no los aceptaron”, agregó
Un llamado a la memoria nacional
Para Clara Vernet, el peligro no reside únicamente en la negación extranjera, sino en el olvido propio. Su testimonio es un recordatorio de que la historia de Malvinas está hecha de personas que construyeron su casa, perdieron hijos y soñaron una nación en esas tierras.
“Que la comitiva isleña con el servicio del Reino Unido atrás niegue esta historia, niegue a mi familia y a las familias que allí vivieron, que perdieron sus hijos, que se casaron y construyeron allí su casa… uno puede entenderlo en tanto la disputa de soberanía. Ahora, lo que no nos puede pasar es a nosotros, como argentinos y argentinas, desconocer y negar esta historia”, una actitud que, lejos de ser ficción, se parece bastante a la actitud de la política y la diplomacia del gobierno de Javier Milei.

