Juan Grabois volvió a apuntar contra el Gobierno de Javier Milei y vinculó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) con un escenario que describió como mucho más profundo que una simple baja de impuestos. Durante una entrevista en el stream de Tomás Rebord, sostuvo que detrás del esquema de incentivos económicos existiría una estrategia para flexibilizar regulaciones que permitan desarrollar industrias vinculadas con la biotecnología y los ensayos médicos.
“Hay una discusión que pasa por abajo del radar y que es más importante todavía; qué es lo que van a hacer ahí, cuáles son las nuevas industrias que van a tener esas prerrogativas”, afirmó.
Como ejemplo mencionó a Próspera, una ciudad privada instalada en Honduras, donde, según dijo, es posible desarrollar investigaciones biomédicas bajo un marco regulatorio distinto al estadounidense.
“Van a ir a las barriadas buscando gente que necesita un mango y le van a sacar el hígado. Mengele”, aseguró el dirigente, al ser consultado sobre si creía que podrían realizarse experimentos sobre argentinos.
Incluso afirmó estar “completamente convencido” de que ese es el horizonte hacia el que apunta el “aceleracionismo” que, según él, inspira al presidente Javier Milei.
¿Qué es Próspera?
El ejemplo elegido por Grabois no es casual. Próspera es una Zona de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) ubicada en la isla hondureña de Roatán. Se trata de una denominada “ciudad chárter” o ciudad autónoma, diseñada para funcionar con reglas propias en materia tributaria, administrativa y judicial.
El proyecto nació al amparo de una reforma constitucional aprobada en Honduras después de 2009 y comenzó a desarrollarse formalmente en 2017, con la llegada de empresas y residentes a partir de 2020.
Entre sus principales características figura un régimen fiscal diferenciado y un amplio margen para establecer sus propios mecanismos de administración, justicia y prestación de servicios.
Próspera se convirtió además en uno de los proyectos más emblemáticos del movimiento que impulsa las llamadas “startup cities”, promovido por empresarios e inversores tecnológicos de Silicon Valley.
Entre quienes financiaron iniciativas vinculadas al proyecto aparecen nombres como Peter Thiel, cofundador de PayPal y dueño de Palantir, además de fondos respaldados por Sam Altman y Marc Andreessen. El empresario Patri Friedman, nieto del economista Milton Friedman, también participó del desarrollo de la iniciativa a través de un fondo especializado en ciudades experimentales.
El punto más controvertido
Uno de los aspectos que mayor atención internacional despertó sobre Próspera es el desarrollo de clínicas y empresas dedicadas a tratamientos médicos y ensayos clínicos.
Según publicó The New York Times, la ciudad ganó notoriedad porque allí funcionan establecimientos que realizan investigaciones biomédicas sin quedar alcanzados por la regulación de la FDA, el organismo estadounidense encargado de autorizar medicamentos y tratamientos. Ese antecedente fue precisamente el que Grabois utilizó para sostener que un esquema de desregulación similar podría replicarse en Argentina.
El experimento, sin embargo, terminó enfrentando una fuerte resistencia política y social en Honduras. Tras la llegada al poder de Xiomara Castro, el Congreso derogó por unanimidad el régimen que había creado las ZEDE. Posteriormente, la Corte Suprema declaró inconstitucional ese esquema al considerar que afectaba la soberanía territorial, el sistema judicial y la organización económica del país.
Pese a ello, Próspera continúa operando mientras mantiene un litigio internacional contra el Estado hondureño ante el CIADI, donde reclama una indemnización multimillonaria por la eliminación del régimen que habilitó su funcionamiento.

