La noticia pura que desde la mañana de hoy domingo repiten los medios de comunicación es: “Luego de permanecer algunos días en terapia intensiva, finalmente el dirigente y autor del ‘Teorema de Baglini‘ falleció esta madrugada acompañado de sus familiares y seres queridos“. Y la pregunta que cabe es ¿puede un dirigente político como Raúl Baglini que dedicó toda su vida activa a la militancia, ser recordado no por un proyecto de ley, ni por obra pública, ni por nada ligado a gestión legislativa de la que participó tanto tiempo, sino por una frase que representa a la política histórica argentina, y que paradójicamente fueron sus adversarios quienes en realidad la hicieron famosa a niveles masivos?
Es que el político radical mendocino de extensa trayectoria en su partido y con preeminencia nacional durante los años del alfonsinismo, muerto esta madrugada a los 71 años, terminó quedando en los anales de la historia argentina por una frase, bautizada como “teorema” que representa a la mayoría de los dirigentes políticos que accedieron a ser gobierno, y que al hacerlo dejaron sus convicciones (o quizás las falsas promesas con las que consiguieron triunfar en elecciones), en las puertas de la Casa Rosada, según las textuales palabras de Néstor Kirchner, quien llamativamente inmortalizó para los “no políticos” el teorema que era objeto de conversaciones, más dentro de los cuadros militantes que en las charlas de ciudadanos sin raigambre ni costumbres políticas.
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¿Qué dice el “Teorema de Baglini”?
Según Wikipedia, que lo limita a una expresión sólo de nuestro país (aunque en realidad debería decirse “adaptación”) la definición es:
“En la Argentina se denomina teorema de Baglini a un concepto que sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder. Fue enunciado en 1986 por Raúl Baglini, entonces diputado de la Unión Cívica Radical.
Existen a su vez algunas variantes del teorema, a saber:
- Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven.
- A medida que un grupo se acerca al poder, va debilitando sus posiciones críticas al gobierno.
- Las convicciones de los políticos son inversamente proporcionales a su cercanía al poder.
- Cuanto más cerca del poder está, más conservador se vuelve un grupo político.
- Cuanto más se acerca un político al poder más se aleja del cumplimiento de sus promesas de campaña”.
Estas máximas del ahora fallecido ex legislador no eran famosas popularmente hasta que en 2003 el (en ese momento recientemente electo) presidente Néstor Kirchner se comprometió a “dar vuelta el teorema de Baglini” y aseguró que en su presidencia las convicciones con las que accedió al poder no quedarían en la “puerta de la Casa Rosada”.
Allí fue que todas las personas que no sabían de que se trataba ese famoso teorema adaptado a la política local, aprendieron que alguien (Raúl Baglini) que ya no era de los principales protagonistas de la UCR nacional, había sido el autor de unas máximas tremendamente realistas, pero profundamente pesimistas, acerca de la posibilidad de transformación de la realidad para una nación, que descree y descreerá de su clase política mientras sienta que sus convicciones se desvanecen al alcanzar el objetivo de ser electos, o que quizás esas convicciones nunca existieron y sólo fueron “fulbito pa’ la tribuna” en función de ganar comicios para acomodarse en un cargo.
De todo el Teorema de Baglini lo más irritante parecen ser los términos “sensatos y razonables” porque implican que mantener “las cosas como están” sería lo que aporta sensatez y razonabilidad al poder, para no inquietar a quienes en verdad detentan esos privilegios sin haber sido puestos a revisión electoral en ninguna oportunidad.
Y también que los enunciados de quienes quieren acceder a ese “poder conservador” son siempre “irresponsables” en términos del, ahora fallecido, dirigente radical.
Frente a eso sólo es necesario contextualizar que al momento de la proclamación, nunca formal de este teorema, el poder pertenecía a la UCR de Raúl Alfonsín quien gobernaba desde hacía 3 años y a la cual Baglini intentó defender de aquellos que, “corriéndolos por izquierda” le endilgaban no haber hecho lo suficiente todavía para cambiar la realidad como la campaña alfonsinista había prometido cuando decía que “con la democracia se cura, se come y se educa”.
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