El perfil en X (sí, Twitter) de Javier Milei evidencia hoy una escena llamativa que rápidamente empezó a circular en redes.
Es porque en el mismo espacio conviven dos mensajes que parecen ir en direcciones opuestas y abren un debate sobre su contradictorio vínculo con los medios.
Arriba de todo, fijado desde el 2 de marzo de 2025, aparece un posteo en el que el Presidente apunta con dureza contra Clarín. Allí lo define como “LA GRAN ESTAFA ARGENTINA” y lo acusa de hostigar al Gobierno con mentiras. Al dejarlo fijo durante más de un año, lo transformó en una postura sostenida, prácticamente un “mantra”.

Sin embargo, unos centímetros más abajo el tono cambia. El propio Milei comparte una columna suya publicada en ese mismo diario, donde escribe sobre Adam Smith y lo presenta como “el padre de la economía”. De la crítica frontal se pasa, sin escalas, a aprovechar el alcance del medio.
Una convivencia incómoda
El contraste abre la pregunta impostergable. Si el diario es una “estafa”, ¿por qué elegirlo para publicar una columna?… Una posible respuesta es la lógica práctica. Los grandes medios siguen teniendo llegada masiva y, aun con diferencias, funcionan como vidriera para instalar ideas.
Pero esa decisión no queda aislada porque al usar ese mismo espacio que cuestiona, el planteo pierde algo de fuerza. La descalificación total empieza a tener matices, aunque no se digan en voz alta.
Entre convicción y conveniencia
El dato del tuit fijado es fundamental porque no fue borrado ni reemplazado, sigue ahí como bandera. Al mismo tiempo, la publicación en el diario introduce un movimiento que descoloca a parte del público.
Para algunos, se trata de una jugada consciente como es meterse en un medio crítico para dar la discusión desde adentro. Para otros, en cambio, deja una sensación de doble vara difícil de explicar. Y muy difícil de disimular.
¿Es él ahora parte integrante de esa estafa?
¿Cambió de parecer y olvidó borrar el tuit fijado?
¿Nunca estuvo enfrentado a Clarín realmente y lo hacía para sacar chapa de valiente y confrontativo?
¿Le gustó la narrativa del kirchnerismo y “quedó”?
El “ruido comunicacional” es inevitable.

