Javier Milei aprovechó una charla ante estudiantes de 4° y 5° año del Colegio ORT, en su sede de Almagro, para volver a colocar la discusión sobre su Gobierno en el terreno de los valores. Bajo el título “Ética como política de Estado”, el Presidente sostuvo que “los valores del judaísmo son determinantes en la construcción de las políticas públicas” y aseguró que su administración no está dispuesta a negociar sus principios.
“Nosotros nos basamos en un conjunto de valores que no son negociables”, afirmó Milei al comienzo de su exposición. Entre ellos mencionó la ética y la moral, el respeto por los derechos naturales, el coraje y la templanza para elegir “el bien” y asumir las consecuencias de las decisiones.
La reivindicación de los valores religiosos apareció así asociada directamente a la definición de las políticas públicas. El mandatario sostuvo que justicia y eficiencia son “dos caras de la misma moneda” y vinculó el crecimiento económico con la aplicación de políticas alineadas con los “valores judeocristianos”, tanto en su dimensión material como espiritual.
La definición adquiere una particular dimensión política en un Gobierno que convirtió su alineamiento con Israel y con el primer ministro Benjamin Netanyahu en uno de los ejes de su política exterior. En ese marco, la referencia explícita a los valores del judaísmo volvió a ocupar un lugar central en el discurso presidencial, incluso frente a una realidad doméstica atravesada por fuertes cuestionamientos económicos y sociales.
La defensa de un rumbo que Milei considera irreversible
Durante la charla, Milei también rechazó cualquier posibilidad de modificar el programa económico frente a las presiones políticas. Según sostuvo, en los últimos meses existió “cierta presión para modificar el rumbo y ser más laxos”, pero planteó que su administración no responderá a esas demandas.
“Por más sucios que sean, eso no significa que nosotros tengamos que jugar sucio: al populismo no se le gana con más populismo, sino haciendo las cosas bien”, afirmó.
En esa línea, defendió nuevamente los pilares de su concepción económica: libertad, respeto por la vida, cumplimiento de los contratos y rechazo del robo. Para el Presidente, esos principios son los que permiten demostrar la “eficiencia del sistema capitalista” y, al mismo tiempo, garantizar una sociedad más justa.
El planteo de Milei vuelve a presentar los resultados de su programa económico como la consecuencia natural de una determinada concepción moral. De ese modo, las críticas sobre el impacto de sus políticas quedan encuadradas por el Gobierno como una disputa entre quienes defienden esos valores y quienes representan, según su propia caracterización, al “populismo” y la “demagogia”.
Sin embargo, mientras el Presidente sostiene que el rumbo elegido conduce al crecimiento y al bienestar, la discusión pública continúa atravesada por los efectos concretos de la política económica y por las dificultades que enfrentan amplios sectores de la sociedad. Frente a ese escenario, Milei no planteó cambios sino, por el contrario, una defensa cerrada de sus decisiones.
“No estamos dispuestos a negociar nuestros valores éticos y morales”, remarcó. Y completó: “Vamos a seguir haciendo lo que está bien y lo que es justo, sin ceder a los cantos de sirenas”.
Así, el Presidente volvió a combinar su defensa del programa económico con una apelación moral y religiosa. Mientras sostiene que la Argentina avanza hacia una etapa de crecimiento gracias al camino elegido, su discurso desplaza parte de la discusión desde los resultados de la gestión hacia los valores que, según afirma, deberían orientar la vida pública.

