El sistema de alimentación escolar en la provincia de Buenos Aires atraviesa un momento de redefinición crítica, donde la eficiencia en el uso de los recursos se ha vuelto el eje de una intensa gestión legislativa. El programa MESA (Módulos Extraordinarios de Seguridad Alimentaria), nacido en 2022 para “reforzar la situación de alimentación de los niños y niñas durante la pandemia”, se encuentra hoy bajo la lupa debido a un desfasaje entre su propósito original y la realidad de la presencialidad escolar.
La senadora Natalia Quintana ha sido una de las voces más firmes en señalar las grietas de este sistema. Según explicó en “Palabras más, palabras menos de La Cielo en FM 103.5” programa consistía en la entrega de cajas de mercadería en las escuelas, una tarea que recayó sobre los docentes, restándoles tiempo para sus labores prioritarias. Sin embargo, el problema de fondo es económico y logístico: mientras las cajas se acumulaban, el presupuesto para los comedores (SAE) sufría “un desfasaje del 40%”, lo que resultaba en raciones de “menor calidad o menores porciones por ejemplo de carne para los niños”.
La paradoja del sistema actual es que, mientras algunos platos quedaban vacíos, la mercadería de los módulos a veces se perdía en el camino. Quintana denuncia que conocía la dificultad de la entrega porque “en muchos casos había un derroche de esa mercadería porque la familia o la mal la utilizaban o no la utilizaban o la vendían o se tiraban”. Esta situación, sostiene Quintana, representa un desperdicio de fondos que tienen una buena intención pero no llegan efectivamente a su destino.
Ante este escenario, la propuesta legislativa es clara: “que se suspenda el programa MESA que con esos recursos se incremente el servicio alimentario escolar”. El objetivo es que la ayuda alimentaria a las familias sea canalizada a través de las áreas de Desarrollo Social municipales, que cuentan con las herramientas para realizar una “evaluación social a las familias” y determinar quiénes realmente necesitan el apoyo, evitando que los recursos queden estancados en las escuelas.
La senadora enfatiza que, en un contexto de crisis económica importante, es vital que los programas sociales no se mantengan “in eternum” sin ser evaluados. Su mirada apunta a una gestión más humana y estratégica. “Si tenemos recursos económicos escasos tenemos que estar seguros que los ponemos donde realmente se necesitan”, explica Quintana. Esta reorganización es fundamental porque, para muchos chicos, la comida que reciben en el colegio “es la única comida que tienen con lo cual es la base de su alimentación”.
Finalmente, el reclamo por una “vuelta de rosca” a estas políticas públicas busca trascender las diferencias partidarias. Como concluye la legisladora, la esencia de la función pública debe ser el aporte a la solución de los problemas cotidianos: “la política tiene que aportar a las soluciones de los problemas diarios, porque si es una pelea entre políticos no le sirve a nadie”.

