Mar del Plata vuelve a quedar envuelta en una polémica que se repite cada verano: el achicamiento del espacio público en las playas frente al avance de las concesiones privadas. Videos virales reflejan los reclamos de vecinos y turistas, mientras empresarios y políticos cruzan acusaciones en el Concejo Deliberante.
El conflicto es complejo y estructural, y combina intereses económicos, decisiones políticas del pasado y una persistente falta de controles y obras de fondo. Y se agrava con fenómenos climáticos que ponen en evidencia la falta de planificación y el poco espacio que le queda a los turistas.
La potestad de concesionar las playas es del Ejecutivo municipal sin que el gobierno provincial tenga facultades para intervenir. “La secretaría de Turismo es muy fuerte en Mar del Pata, casi como un ministerio. Ellos determinan las condiciones de las concesiones de las playas”, aseguró un dirigente opositor marplatense que supo transitar los pasillos de la Legislatura.
Las imágenes que circularon en redes sociales durante los primeros días de enero, especialmente desde Playa Grande, mostraron una escena conocida: durante la pleamar, prácticamente no queda arena seca disponible para quienes no alquilan una carpa. El video se viralizó rápidamente y expuso una situación que muchos marplatenses y turistas reconocen como habitual.
LOS DUEÑOS DE LAS PLAYAS
En OFF, dirigentes y técnicos que conocen de cerca el esquema de concesiones describen un patrón que se repite a lo largo de toda la costa marplatense. “Cuando uno mira playa por playa, aparece siempre la misma lógica: concesiones de muy largo plazo, poca competencia real y operadores que se repiten”, señalan. En el complejo Punta Mogotes, por ejemplo, las prórrogas que se extendieron hasta 2046 “generaron un sistema prácticamente cerrado, con escasa rotación y concentración en pocas manos”, al que se suman “cánones desactualizados, controles ambientales laxos y una planificación que no contempla cómo cambió físicamente la playa”. En Varese, una de las más simbólicas de la ciudad, el diagnóstico es similar: “hubo licitaciones con muy pocos oferentes reales y una ocupación del espacio público muy intensa para una playa tan céntrica”.
El mismo esquema se repite en otros puntos clave. En Playa Grande, aseguran, “las concesiones están claramente orientadas a un público de alto poder adquisitivo” y en los últimos años “crecieron servicios privados sobre áreas que antes eran comunes, con controles débiles sobre ampliaciones o construcciones”. En La Perla, en tanto, “los operadores históricos se renuevan una y otra vez”, lo que alimenta la percepción de “poca competencia y escasa mirada social”. La Bristol aparece como el caso más sensible: “es la postal de Mar del Plata y, al mismo tiempo, una de las más presionadas por estructuras privadas”. Incluso en sectores más específicos, como el Balneario 0 de Mogotes, se cuestionan “renovaciones con poco debate público y sin estudios ambientales actualizados”. Para quienes siguen el tema de cerca, el trasfondo es claro: “el Estado fue cediendo margen de decisión y hoy el frente costero está altamente privatizado, con pocas herramientas para corregir el rumbo”.

EDILES APUNTAN AL MUNICIPIO
Desde el Concejo Deliberante, Juan Manuel Cheppi, edil del Frente Renovado, dialogó con INFOCIELO y planteó que la preocupación por el espacio público costero ya no es solo un debate político, sino una percepción extendida entre quienes viven y visitan Mar del Plata.
“El espacio público en las playas de Mar del Plata se redujo de manera visible en los últimos años”, y apuntó directamente al avance de las concesiones sobre la arena y a contratos extensos que, según señaló, no siempre devuelven a la ciudad lo que prometen.
Cheppi remarcó que el fenómeno no se limita a una zona puntual, sino que se percibe con claridad en sectores emblemáticos. “El marplatense siente que cada vez tiene menos playa disponible y que, físicamente, lugares como Playa Grande o sectores al sur se achicaron”, afirmó. Esa misma sensación, agregó, es compartida por muchos turistas que llegan buscando playas accesibles y se encuentran con un esquema dominado por servicios pagos.

Para el concejal, el problema no es solo la existencia de concesiones, sino la falta de un debate profundo sobre el modelo costero. En ese sentido, reclamó que el Concejo Deliberante recupere un rol más activo.
“No alcanza con aprobar o rechazar adjudicaciones: hay que debatir condiciones, obligaciones y criterios de uso del espacio público”, subrayó.
Cheppi planteó la necesidad de avanzar hacia una planificación costera moderna, transparente y equilibrada, que permita ordenar el sistema de concesiones y garantizar que la costa siga siendo un bien común. “Nuestro compromiso es que la costa sea un orgullo de la ciudad, accesible para todos y gestionada con reglas claras y control efectivo”, concluyó.
CONTROLES QUE NO LLEGAN Y ACCESOS QUE NO SE GARANTIZAN
Desde otra vereda política, pero con un diagnóstico similar, la concejala Melisa Centurión puso el foco en la falta de control del Ejecutivo municipal y apuntó directamente al rol del EMTURYC como autoridad de aplicación.
Centurión explicó que, junto a su bloque de Acción Marplatense – Movimiento Derecho al Futuro, presentó una iniciativa para exigir controles más exhaustivos sobre las playas concesionadas. Según detalló, episodios recientes de marea alta dejaron al descubierto un problema que es permanente: el espacio de playa pública quedó reducido al mínimo en muchos balnearios.
“Esto daña el prestigio y la imagen de Mar del Plata, tanto para los marplatenses como para los turistas”, advirtió. Y aclaró que no se trata de un vacío normativo, sino de una falta de cumplimiento.
“Cada playa concesionada tiene un pliego de bases y condiciones que establece la cantidad de unidades de sombra, los accesos públicos y los espacios que deben garantizarse. El poder de control lo tiene el EMTURIC, no hace falta nueva normativa, hace falta que se controle”, enfatizó.
La concejala también puso el acento en un aspecto sensible, especialmente en la zona sur: la falta de accesos seguros a la playa pública, una situación que —según señaló— agrava la exclusión y limita el uso real del espacio común.
Aunque la iniciativa aún no fue tratada formalmente en el Concejo Deliberante por la falta de funcionamiento de las comisiones, Centurión destacó que el proyecto logró impacto político. “Puso el foco en la inacción y la falta de control por parte del EMTUR”, señaló.
En una gacetilla de prensa difundida esta semana, Centurión endureció el tono y denunció lo que definió como “una inacción deliberada del Municipio” frente al avance sobre las playas públicas.
“El Municipio tiene la responsabilidad indelegable de garantizar el libre acceso a las playas y el uso del espacio público. Sin embargo, lo que vemos es que mira para otro lado”, afirmó al edil.

