La ambiciosa reforma sanitaria que impulsan el gobernador Axel Kicillof y su ministro Nicolás Kreplak sigue empantanada en el Senado, atrapada en una telaraña de intereses territoriales, pases de factura y una interna peronista que se dirime a cielo abierto. Lejos de ser un conflicto con la oposición, el freno de mano a los proyectos viene del propio oficialismo, donde el Frente Renovador decidió asumir un rol protagónico: oficiar de mediador y garante de los intendentes frente a lo que consideran un avance centralizador de la Provincia.
La creación del Sistema Integrado de Salud de la Provincia de Buenos Aires (SIPBA) y la Empresa Estatal de Medicamentos son dos de las principales apuestas de gestión de Calle 6. Sin embargo, en el territorio, los jefes comunales encendieron las alarmas al leer la letra chica de los expedientes. El reclamo llegó rápido a los pasillos de la Cámara Alta, y fue el massismo el encargado de ponerle un freno institucional al debate para evitar que el remedio termine siendo peor que la enfermedad para las cuentas municipales.
EL FRENTE RENOVADOR COMO ESCUDO DE LOS INTENDENTES
La matemática legislativa es implacable. Para que el peronismo alcance la mayoría simple y apruebe las leyes, necesita abroquelar a toda su tropa. En ese esquema, el Frente Renovador tiene la llave dorada del recinto con tres bancas estratégicas: Malena Galmarini, Marcos Pisano y Valeria Arata.
Fue la propia Galmarini quien bajó la persiana temporal a los proyectos y le envió un mensaje directo al Ejecutivo: “Así como está, no lo vamos a votar. Y muchos se están sumando”. Vale indicar que Fuerza Patria tiene el número mágico para sesionar sin recurrir a bancas prestadas (24 manos), pero ni Verónica Magario ni Sergio Berni, presidenta del Senado y presidente del bloque, logran aunar criterios para juntar las voluntades.
Lejos de una ruptura definitiva, la jugada del massismo busca forzar una mesa de negociación y oficiar de puente. La condición innegociable que plantean es convocar a intendentes, legisladores y funcionarios provinciales para reescribir el texto, garantizando que la integración del sistema de salud se haga sin asfixiar la autonomía ni vaciar la caja de los municipios.
LOS ARTÍCULOS DE LA DISCORDIA: SALARIOS Y CAJA
El corazón del conflicto está puesto en dos apartados específicos del SIPBA: los artículos 8 y 43. Los caciques del conurbano y del interior advierten que la Provincia busca unificar protocolos, formas de contratación y equiparar los salarios de los médicos municipales con las escalas provinciales, pero sin enviar un fondo compensador. “Nos exigen pagar sueldos de Provincia con recaudación de municipio”, es el grito que se escucha en las intendencias.

El otro punto de ebullición es la caja. El proyecto obliga a los municipios a adherirse al Sistema de Atención Médica Organizada (SAMO) para el recupero de prestaciones de obras sociales y prepagas. Los intendentes denuncian que esto los obligaría a ceder el manejo de sus propios recursos de facturación, centralizándolos en un fondo provincial que podría demorar hasta un año en devolverles el dinero a los distritos. El Frente Renovador exige que esos puntos se eliminen o se modifiquen de raíz para que la ley pueda avanzar.
LA BRONCA EN CALLE 6 Y UN SENADO EN EL LIMBO
El ultimátum massista para blindar a los alcaldes no cayó nada bien en el Ministerio de Salud. Desde las oficinas de Kreplak dejaron trascender su fastidio por el empantanamiento de expedientes que vienen negociándose hace años. “Los citaron, fueron dos veces, les aseguraron que estaba todo cerrado, estamos a un mes de que se termine el periodo ordinario y pinta como en 2025”, la frase es de un asesor que lucha por la aprobación, pero se ve venir el mismo escenario que en diciembre pasado: el proyecto corre riesgo de perder estado parlamentario nuevamente.
Mientras tanto, la parálisis institucional en la Cámara Alta que es casi total. El bloqueo actual se suma al antecedente de meses atrás, cuando el senador y barón de José C. Paz, Mario Ishii, trabó las comisiones en rechazo al colapso de las guardias municipales frente a la crisis.
Hoy, el Senado sigue sin convocar a sesión y no hay vistas de un tratamiento inminente. La gran reforma de salud de Kicillof quedó en un laberinto donde el massismo marca el ritmo de salida: o hay acuerdo para proteger la caja y la autonomía de los intendentes, o los proyectos seguirán durmiendo en los cajones de la Legislatura.


