La titular del FMI recorrió el país en clima de gira VIP, con anfitriones que la trataron como visita de honor mientras se define el futuro del acuerdo con el organismo.
Kristalina Georgieva se fue de la Argentina con una libreta de tango bajo el brazo y una agenda de fotos que bien podría pertenecer a una celebridad en medio de una gira promocional. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional recorrió Buenos Aires entre gestos de anfitriones desvividos, escenografías pensadas para la ocasión y una noche de tango que terminó siendo, más que una cortesía protocolar, una postal de época.
La noche de tango a medida
El cierre de la visita fue en Casa Mora, el espacio de eventos de la bailarina Mora Godoy, donde Georgieva tomó una clase privada de tango junto a su troupe.
Según relató la propia coreógrafa, el llamado no salió del Gobierno sino directamente del organismo con sede en Washington, y generó tanto desconcierto en su producción que la primera vez le cortaron el teléfono pensando que era una broma.
Hubo un número armado especialmente para la funcionaria, entre risas y pasos de comedia, y al final de la velada Georgieva se llevó de regalo una libreta de la línea de productos de la anfitriona, con la promesa de volver a buscarla en su próxima visita.
Antes de despedirse, la titular del FMI publicó en sus redes el video del encuentro y agradeció a sus “grandes maestros” por hacer parecer fácil algo que, aseguró, no lo es tanto.
La gira VIP por la Argentina que se ordena
El tango fue apenas el capítulo final de un raid que incluyó parada en Casa Rosada, paso por el Palacio Libertad y una visita a Vaca Muerta, la vidriera energética del país que el Gobierno exhibe ante cada funcionario extranjero como prueba de que el rumbo es el correcto. En cada escala, el mismo libreto: funcionarios que compiten por la sonrisa de la visita, protocolo de gala y un despliegue de gentilezas hacia una directiva de un organismo que, todavía, negocia condiciones con el país.
Nada de esto ocurre en el vacío. Quienes prometieron terminar con la casta y barrer con la vieja política en nombre de una supuesta antipolítica son, hoy, los mismos que despliegan alfombra roja para una funcionaria de la banca multilateral, en gestos de cercanía que contrastan con la épica libertaria de campaña.
El dato que incomodó
En medio del clima de gala, hubo una nota disonante. Mora Godoy no se guardó comentarios cuando le tocó hablar con Georgieva a solas: le habló de su historia familiar, del valor de la educación pública para que su padre pudiera recibirse de contador, y aprovechó la charla para transmitirle su preocupación por la situación salarial del país. Un gesto que, según circuló luego en varios medios, contrastó con la sumisión con la que otros funcionarios del Gobierno trataron a la visitante.
Mientras Buenos Aires exhibía a Georgieva como un souvenir de lujo, en La Plata y el resto de la provincia la discusión pasaba por otro lado: la incertidumbre cambiaria, la informalidad laboral y el poder adquisitivo golpeado, justamente los temas que la propia titular del FMI dijo que le preocupan del rumbo económico argentino.

