Axel Kicillof tiene un problema que excede a la discusión puntual por las reelecciones eternas o las vacantes de la Suprema Corte. El Gobernador pretende proyectarse hacia una candidatura presidencial, pero todavía encuentra serias dificultades para traducir los dos mandatos al frente de la Provincia en poder político propio dentro de la Legislatura. Dos temas que considera centrales para su agenda volvieron a dejarlo en evidencia.
Por un lado, la Suprema Corte funciona con apenas tres de sus siete integrantes y su presidente, Sergio Torres, reclama públicamente que se cubran las cuatro vacantes. Por el otro, Kicillof decidió acelerar el tratamiento del proyecto que busca eliminar los límites para las reelecciones de intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares, pero tampoco tiene los votos asegurados para llevarlo al recinto.
Son dos discusiones diferentes, pero tienen un punto en común: el Ejecutivo necesita una Legislatura con la que hoy no tiene acuerdos sólidos. La interna de Fuerza Patria, las diferencias con La Cámpora y el rol que juega el massismo convierten cada negociación en una pulseada política.
Axel Kicillof hoy cuenta con 11 diputados de 92 que conforman el cuerpo, y con 6 senadores de 46 bancas que tiene la Cámara Alta.
Y en ese escenario aparece una pregunta incómoda para el proyecto presidencial de Kicillof: si después de dos gestiones todavía necesita construir acuerdos para avanzar con buena parte de su agenda en la Legislatura, ¿cuánto poder propio logró acumular realmente?
LA CORTE INCOMPLETA VUELVE A PONER A KICILLOF BAJO PRESIÓN
El reclamo llegó hace unos meses desde el propio máximo tribunal. Sergio Torres encabezó un acto institucional junto a Daniel Soria e Hilda Kogan y advirtió que la Corte está integrada por tres ministros cuando debería tener siete. Calificó la situación como una “desintegración” inédita y reclamó avanzar con la cobertura de los cargos vacantes.
Torres planteó que completar la Corte no constituye una cuestión administrativa secundaria, sino una “condición institucional básica” para garantizar el funcionamiento del Poder Judicial. También advirtió que la integración incompleta dificulta la construcción de acuerdos internos, que requieren cuatro votos, y genera mayores demoras en las decisiones.
El proyecto de fortalecimiento del Poder Judicial que presentó la Suprema Corte es otro tema a tener en cuenta en esta puja dado que busca avanzar sobre una serie de problemas estructurales que afectan a la Justicia provincial. Entre ellos aparece la autonomía presupuestaria y financiera, una demanda que apunta a darle al Poder Judicial mayor capacidad para definir sus recursos y planificar su funcionamiento. La iniciativa fue impulsada por el flamante presidente del máximo tribunal, Sergio Torres, quien desde su llegada al cargo mantuvo reuniones con distintos actores del sistema judicial.
La propuesta llega en un contexto de Corte incompleta, con cuatro vacantes sobre siete cargos, y con más de 200 puestos judiciales todavía sin cubrir. El proyecto también se vincula con reclamos de la Asociación Judicial Bonaerense por salarios, carrera judicial e infraestructura. Por eso, su tratamiento podría abrir una nueva discusión con impacto directo sobre el Gobierno de Axel Kicillof y la Legislatura, que deberán definir si acompañan una iniciativa que busca modificar el esquema de financiamiento y funcionamiento de uno de los poderes del Estado provincial.

El reclamo no quedó circunscripto al máximo tribunal. El Colegio de Abogados también pidió cubrir las vacantes existentes y cuestionó que una situación que debería resolverse sin demoras se haya convertido en un escenario prácticamente naturalizado. La Constitución provincial establece, además, un plazo de 15 días para que el Ejecutivo presente candidatos cuando se produce una vacante. El escenario actual es de años de funcionamiento incompleto.
El Gobierno asegura que existe voluntad de avanzar durante este año. El diputado Rubén Eslaiman sostuvo que los pliegos serán enviados a la Legislatura y que, una vez conformada la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, el ministro de Justicia, Juan Martín Mena, estaría en condiciones de avanzar. Se aseguraba que serían dos nombramientos antes del mundial, pasaron 21 días desde que España apagó el sueño de la selección argentina y no hubo novedades, ni nombres para cubrir esos cargos.
El problema, otra vez, aparece en la política. La propia conformación de las comisiones se convirtió en uno de los focos de conflicto entre el kicillofismo, el kirchnerismo y el massismo, al punto de haber trabado durante meses el funcionamiento de la Cámara alta.
Desde el entorno del Gobernador, además, niegan que haya existido un acuerdo con la oposición para designar jueces a cambio de otros temas. La definición es tajante: no hubo acuerdo, no hay nombres definidos y no habrá un “toma y daca” entre los cargos de la Corte y las reelecciones o las candidaturas.
REELECCIONES: EL OTRO PROBLEMA QUE KICILLOF NO CONSIGUE DESTRABAR
Mientras la Corte reclama respuestas, Kicillof intenta acelerar otro proyecto que considera estratégico: la eliminación de los límites a las reelecciones eternas.
El expediente presentado por la senadora Ayelén Durán (MDF- Cuervo Larroque) modifica la legislación vigente para permitir nuevas postulaciones sin límite para intendentes y concejales y también habilitar la reelección indefinida de diputados y senadores. El proyecto busca, además, modificar el régimen de los consejeros escolares.
La iniciativa tiene una explicación política concreta. Más de 80 intendentes quedarían impedidos de competir nuevamente en 2027 si no se modifica la legislación, mientras que dentro del oficialismo consideran que habilitar otro mandato puede facilitar la construcción electoral del peronismo en los municipios.
Pero el proyecto choca con una dificultad elemental: Kicillof no controla por sí solo los votos necesarios.

La comisión de Reforma Política es comandada por Malena Galmarini y es sabido que el Frente Renovador no avalará la marcha atrás con una ley de la que es autor y data del 2016. La decisión de Calle 6 de que el proyecto de Durán sea ingresado por Legislación General, presidida por el kicillofista Germán Lago, causó sorpresa en el FR. Como vuelto, Malena decidió que este martes 11 de agosto se junte su comisión a las 11 de la mañana y siente posición: ese tipo de proyectos, que reformulan las reglas electorales, deben ser tratados por Reforma Política.
La Comisión de Legislación General del Senado tiene once integrantes. Fuerza Patria reúne seis, pero divididos entre los distintos sectores del peronismo. El MDF cuenta con cuatro representantes que acompañan la iniciativa, mientras que el kirchnerismo tiene un integrante y Patria Grande, otro. Del otro lado aparecen representantes del PRO, La Libertad Avanza y otros espacios opositores que rechazan la modificación o pretenden condicionarla a una discusión más amplia.
El kirchnerismo no necesariamente se opone a las reelecciones. Su condición es discutirlas junto con el resto de las reglas electorales de 2027: desdoblamiento, PASO, Boleta Única de Papel y calendario electoral. Esa diferencia de estrategia es hoy uno de los principales obstáculos para el plan del Gobernador, que pretende destrabar primero las reelecciones.
Y ahí aparece nuevamente la debilidad legislativa del Ejecutivo. Fuerza Patria tiene quórum propio en el Senado, pero la falta de una posición unificada convierte esa mayoría formal en una herramienta insuficiente para imponer una agenda. El massismo, con tres senadores, también puede resultar determinante.
DOS GESTIONES, PERO TODAVÍA SIN UNA LEGISLATURA PROPIA
El problema de fondo es que Kicillof conserva una fortaleza importante en los territorios, pero esa estructura no se replica de la misma manera en la Legislatura.
El MDF tiene un peso limitado dentro del Palacio Legislativo y eso obliga al Gobernador a negociar con sectores que, además, forman parte de la misma coalición de gobierno, pero responden a otros liderazgos. La Cámpora, el massismo y sectores del peronismo que tienen representación propia condicionan cualquier intento de construir una agenda exclusivamente kicillofista.
La situación es particularmente evidente en el Senado, donde la interna se convirtió en una caja de resonancia de las disputas del peronismo. Verónica Magario, Sergio Berni y Mario Ishii aparecen como actores con capacidad para influir en el funcionamiento de la Cámara y en la relación con el Ejecutivo.
El resultado es una paradoja para el Gobernador: tiene iniciativa política, pero no tiene los votos garantizados; tiene estructura territorial, pero debe negociar buena parte de sus decisiones en la Legislatura; y tiene aspiraciones nacionales, pero todavía no consiguió consolidar un poder propio que ordene al oficialismo provincial detrás de sus objetivos.
La oposición, mientras tanto, aprovecha esa fragmentación para incorporar sus propias demandas. Los bloques que no acompañan una modificación aislada de las reelecciones reclaman que cualquier cambio forme parte de una reforma política integral, con discusión sobre la Boleta Única, las PASO y el calendario electoral.
El poroteo tampoco ofrece un camino sencillo. La Libertad Avanza evita colocar el tema entre sus prioridades, pero se opone; el PRO mantiene un rechazo frontal; la UCR sostiene su negativa; mientras que otros espacios dejan abierta la posibilidad de negociar dentro de una reforma más amplia.
La dificultad, entonces, no está solamente en conseguir una mayoría: está en construirla. Y esa es precisamente una de las principales cuentas pendientes de Kicillof después de ocho años al frente de la Provincia.
MASSA VUELVE A JUGAR Y MIRA LA CARRERA PRESIDENCIAL
En paralelo a estas discusiones, el massismo comenzó a recuperar protagonismo dentro del tablero legislativo. La mayor cercanía con el kirchnerismo le permite a Sergio Massa volver a ocupar un lugar en la interna del peronismo y, al mismo tiempo, limitar el margen de maniobra de Kicillof.
El dato excede la discusión legislativa. En el entorno provincial ya no descartan que Massa vuelva a jugar fuerte y se prepare para disputar la candidatura presidencial con Kicillof. La estrategia massista de acercamiento al kirchnerismo puede leerse, en ese sentido, no sólo como una negociación sobre las reglas electorales de la Provincia, sino también como una forma de recuperar volumen político de cara a 2027.
Para Kicillof, el escenario es incómodo. Mientras intenta construir una candidatura presidencial sobre su gestión en la Provincia, la Legislatura le devuelve una imagen bastante menos contundente de su poder.

La Corte reclama que complete sus cuatro vacantes. Los intendentes esperan que consiga los votos para habilitar las reelecciones. La Cámpora le exige discutir el paquete electoral completo. El massismo recupera centralidad. Y la oposición pone condiciones.
El Gobernador todavía tiene tiempo para ordenar ese tablero. Pero la discusión que atraviesa a la Legislatura ya dejó expuesta una de las preguntas centrales de su proyecto presidencial: cuánto poder propio logró construir después de dos gestiones y cuánto depende todavía de acuerdos con aquellos dirigentes a los que, justamente, necesita disputarles el liderazgo del peronismo.

