En la política, como en la vida comercial, los favores suelen tener una fecha de vencimiento. En agosto de 2024, Manuel Adorni, entonces vocero presidencial, decidió abrir las puertas de la Casa Rosada a un joven “estudiante” que, bajo el ala del oficialismo, utilizó su micrófono para atacar a periodistas acreditados.
Ese joven era Marcos Palazzo, un militante vinculado a La Derecha Diario y conocido por sostener posturas delirantes, como la defensa de Adolf Eichmann (a quien considera “injustamente condenado”) o la negación del genocidio perpetrado por Etchecolatz…Sin embargo, la lealtad en las filas de “las fuerzas del cielo” parece ser un bien escaso.

De invitado a verdugo
Aquel que Adorni catapultó a la fama hoy se convierte en su principal detractor. En una demoledora declaración, Palazzo le soltó la mano al actual Jefe de Gabinete, y como se dice en jerga popular “lo tiró debajo del tren” con una saña propia de quien conoce bien las grietas internas.
Suscribiendo a las palabras de quien denominó (en términos casi provenientes del bolcheviquismo) su “líder de opinión”, el biógrafo de Javier Milei, Nicolás Márquez, el joven militante calificó a Adorni como “alguien indefendible” y una verdadera “vergüenza nacional“.
La traición es total: el mismo sujeto que fue legitimado como “periodista” por el propio Adorni, ahora exige su renuncia inmediata.
Lo más punzante del ataque no es el cambio de bando, sino los argumentos utilizados. Palazzo acusa a Adorni de haber sucumbido a los vicios de la “casta” que tanto prometieron combatir.
El reproche es ético y legal, porque se le cuestiona el uso del avión presidencial para trasladar a su esposa y, de manera aún más grave, la existencia de propiedades sin declarar y activos que el funcionario no puede aclarar ante la justicia.
Para el mediático joven Palazzo, la “coherencia intelectual” obliga a señalar que Adorni ya no representa la filosofía libertaria.
El peso de la casta
La situación política del Jefe de Gabinete se vuelve insostenible incluso para su círculo de influencia. Palazzo describe a un Adorni “out”, un personaje que ya no puede siquiera salir a hablar, que no tuitea con la contundencia de antaño y que se ve incapaz de enfrentar una conferencia de prensa o asistir al Congreso.
El contraste es brutal, ya que quien antes señalaba con el dedo a la prensa desde el atril, hoy es señalado por sus propios pupilos como alguien que “apenas es un periodista” frustrado que no puede resolver sus cuestiones fiscales.
La caída en desgracia de Adorni ante ojos de los suyos marca un punto de no retorno. La “traición” de Palazzo es el síntoma de una enfermedad mayor: el carácter de “indefendible” que ha adquirido su gestión.
Entre aviones oficiales y opacidad patrimonial, el hombre que alguna vez se sintió dueño de la palabra en Casa de Gobierno, hoy descubre que el monstruo mediático que ayudó a crear ha decidido, finalmente, devorarlo.

