Esteban Bullrich presentó este jueves su renuncia irrevocable al PRO. Lo hizo en una carta dirigida directamente a Mauricio Macri que no deja mucho margen para la interpretación: el partido que fundaron juntos hace más de veinte años ya no reconoce los valores que le dieron origen.
El detonante fue la maniobra del bloque macrista en Diputados, que el martes se negó a dar quórum para la sesión que buscaba avanzar sobre la interpelación a Manuel Adorni, el jefe de Gabinete investigado por enriquecimiento ilícito que admitió haber mentido en sus propias declaraciones juradas.
“Las organizaciones se revelan en lo que deciden justificar”
La carta de Bullrich es larga, meditada y notoriamente más incómoda que un comunicado de prensa. No hay eufemismos. El exsenador y exministro de Educación de Macri escribe que “desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen” y que “no se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política”. Se trata, dice, de “una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos”.
Después nombra el caso: “La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo”.
Es difícil leer eso como otra cosa que no sea una acusación directa contra la conducción del PRO y contra Mauricio Macri en particular.
La ELA como eje moral
Hay un párrafo de la carta que hace más difícil todavía ignorar lo que dice. Bullrich escribe que su enfermedad (la ELA, una patología neurodegenerativa progresiva que lo afecta desde hace años) “me obligó a mirar la vida desde otro lugar” y le enseñó que “el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia”. Permanecer en el PRO, concluye, “sería dejar de vivir de acuerdo con aquello que intento enseñar y transmitir”.
Nada de retórica. Lo cuenta como alguien que sabe bien que el tiempo que tiene lo quiere usar sin hipocresía. Eso le da a la renuncia un peso que ningún comunicado partidario podría replicar.
Lo que el PRO hizo el martes
El contexto inmediato de la carta es la sesión del 23 de junio en Diputados, donde la oposición había pedido tratar la interpelación a Manuel Adorni.
El jefe de Gabinete reconoció días atrás que tenía 500 mil dólares obtenidos mediante criptomonedas que no había declarado, y que los usó para comprar propiedades. El PRO, junto a la UCR y los bloques provinciales, no dieron quórum. El bloque amarillo lo justificó argumentando que el kirchnerismo buscaba “el show mediático” y que ellos prefirieron el “resultado concreto” de convocar la comisión.
Esteban Bullrich no había esperado ni esa explicación. Días antes ya había escrito en sus redes con una brevedad que lo decía todo sobre Adorni: “Es un corrupto. Fin.”
Un cofundador que se va sin portazo pero con diagnóstico
La carta termina sin estridencias, como Bullrich promete en el propio texto. Le reconoce a Mauricio Macri haber “cambiado para siempre el mapa político argentino” y dice conservar “intacto el afecto” por quienes creen de buena fe en el PRO.
Pero el diagnóstico es que el partido que nació prometiendo honestidad como diferencial acaba de proteger a un funcionario que mintió en sus declaraciones juradas porque resultaba políticamente conveniente hacerlo.
Esteban Bullrich es uno de los fundadores históricos del PRO. No es un díscolo ni un recién llegado. Fue diputado, ministro de Educación de la Ciudad y de la Nación durante el gobierno de Cambiemos. Que elija irse ahora, en este momento, sobre este tema, es una señal que el macrismo va a tener que procesar de cara a 2027.

