Para Walter Abarca, exlegislador y actual vicepresidente de AUBASA, la discusión sobre la autonomía de los municipios en la provincia de Buenos Aires no es un mero debate de técnica legislativa, sino que representa “casi una refundación de la provincia de Buenos Aires” al proponer un rediseño total del poder institucional.
Abarca plantea la existencia de un “hilo rojo” que une esta propuesta con la mirada del Papa Francisco a partir de lo que define como una “brújula” política: un escrito que Jorge Bergoglio presentó en 2010 ante la Comisión Episcopal Argentina. Para el exlegislador, ese texto es una exhortación a la dirigencia a discutir un proyecto de país y debería ser un “complementario para quienes abrazamos al peronismo”, ya que establece que la democracia es el escenario para dirimir ideas, pero siempre bajo la premisa de que “el desarrollo, si no es equitativo, no es desarrollo”.
Entrevistado en el streaming político Parecemos Buenos Amigos, de INFOCIELO PLAY, Abarca explicó que esta visión del desarrollo equitativo se conecta con la necesidad de autonomía para que cada municipio sea el motor de su propio crecimiento. Abarca sostiene que esta necesidad surge de una tensión que el propio Francisco plantea entre lo global y lo local. El Papa propone ver la sociedad no como una esfera que anula las identidades, sino como un “poliedro donde cada uno de nosotros seamos parte de la construcción de la sociedad en la que queremos vivir”, basándose en la idea de que la identidad es “directamente proporcional a la participación”.
En la práctica bonaerense, el centralismo actual rompe ese vínculo; por ejemplo, Abarca señala que es imposible que un vecino de Chillar sea parte de la construcción de su destino si se siente ajeno a Azul: “Llevarlo a discutir un plan de desarrollo para Azul es llevarlo a discutir de algo que no se siente parte”, lo cual ocurre cuando la identidad local está afectada por la falta de autonomía.
“El espacio es superior al tiempo”
El planteo también incorpora la máxima de Francisco que dicta que “el espacio es superior al tiempo”, una crítica directa a la mezquindad de la política actual que prioriza la coyuntura electoral. Abarca lamenta que los dirigentes muchas veces analizan la política en función del lugar que ocupan o de su proyección personal, ejecutando políticas públicas solo si sirven “para renovar de intendente, de legislador o de gobernador”.
Frente a esa visión cortoplacista, la autonomía permitiría que las comunidades dejen de ver la gestión como un momento aislado y pasen a proyectarse como “el eslabón de una cadena”, dándole a cada localidad la “posibilidad de soñarse” y planificar su infraestructura y empleo a 50 o 100 años.
Finalmente, el exlegislador subraya que avanzar hacia este modelo no es solo una elección política, sino un imperativo legal, ya que actualmente “nuestra Constitución es inconstitucional”. Al no cumplir con el artículo 123 de la Constitución Nacional que exige asegurar la autonomía municipal, la provincia de Buenos Aires mantiene una estructura que impide que los ciudadanos se conviertan en “pueblo”.
Para Abarca, ser pueblo implica tener la facultad de “construir nuestro propio destino” de abajo hacia arriba, permitiendo que cada una de las 135 realidades de la provincia —con sus enormes diferencias de población e idiosincrasia— deje de recibir políticas impuestas y comience a gestar su propio desarrollo.

