Luego de conocerse que la inflación de diciembre fue del 2,8% y que el Índice de Precios al Consumidor cerró 2025 con un alza acumulada del 31,5%, el INDEC difundió los datos de las canastas básicas, que volvieron a mostrar una dinámica más exigente para los ingresos de los hogares. En el último mes del año, tanto la Canasta Básica Alimentaria como la Canasta Básica Total registraron subas del 4,1%, muy por encima del nivel general de precios.
De acuerdo al organismo estadístico, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $589.510 mensuales para no caer en la indigencia y $1.308.713 para no ser considerada pobre en diciembre. Ambas líneas se incrementaron de manera significativa respecto de noviembre, cuando esos umbrales se ubicaban en $566.364 y $1.257.329, respectivamente, reflejando el impacto directo del aumento de los alimentos sobre el costo de vida.
En el acumulado del año, la Canasta Básica Alimentaria, que define el umbral de indigencia, avanzó cerca del 31%, mientras que la Canasta Básica Total, utilizada para medir la pobreza, se incrementó alrededor del 27,7%. Si bien el dato anual muestra una desaceleración en comparación con años previos, la evolución de diciembre dejó en evidencia que los gastos esenciales continúan presionando con fuerza sobre los presupuestos familiares.

El comportamiento de las canastas estuvo estrechamente vinculado al aumento de los alimentos, especialmente de la carne y las frutas, que volvieron a encarecerse con fuerza en el cierre del año. Esta dinámica explicó que, aun en un contexto de inflación general más baja, los indicadores vinculados a pobreza e indigencia crecieran por encima del promedio mensual.
La situación también se reflejó en los ingresos necesarios para sostener otros niveles de consumo. Para que una familia tipo pudiera ser considerada de clase media, sus ingresos debieron aumentar en diciembre en poco más de $50.000. Sin contemplar el costo del alquiler, el umbral superó los $2,1 millones mensuales, mientras que, al incluir el gasto habitacional, esa cifra escaló por encima de los $3,2 millones.
De este modo, el cierre de 2025 dejó un contraste marcado: mientras el Gobierno destacó la inflación anual más baja en ocho años, los datos de las canastas básicas confirmaron que el ajuste siguió sintiéndose con mayor intensidad en los gastos esenciales. La desaceleración de los precios no se tradujo en un alivio inmediato para los hogares, que enfrentaron un fin de año con mayores exigencias para evitar caer por debajo de la línea de pobreza.

