La política argentina suele producir coincidencias llamativas, pero pocas tan elocuentes como la que dejó una mesa en la cena de bienvenida de Expoagro 2026. La casualidad (o la estricta lógica del protocolo) ubicó frente a frente al gobernador bonaerense Axel Kicillof y al expresidente Mauricio Macri. Bastaron unos segundos para advertir que la escena no pasaría desapercibida: saludo breve, gestos contenidos y una conversación que, si existió, fue mínima.
El encuentro ocurrió en la cena realizada en San Nicolás de los Arroyos, ciudad que cada año se convierte en epicentro del mundo agroindustrial durante la muestra. Empresarios, funcionarios, dirigentes rurales y representantes políticos se mezclaban entre mesas redondas, luces tenues y un escenario preparado para celebrar los veinte años de Expoagro.
Pero en un rincón del salón había una escena que concentraba más atención que los discursos y los brindis.

Un saludo breve y muchas miradas
Quienes estaban cerca pudieron ver el momento del saludo: correcto, breve, casi mecánico. Luego cada uno se acomodó en su silla y comenzó a hablar con quienes tenía a los costados. No hubo intercambio prolongado entre ambos. Las miradas, más de una vez, parecían dirigirse a cualquier otro punto del salón.
En una de las imágenes que circularían después, el gesto quedó congelado con precisión quirúrgica. Es el momento en que Kicillof está mirando hacia el escenario, con expresión seria; Macri orientado hacia otro lado de la mesa. No hacía falta escuchar palabras para entender que el diálogo no fluía.
El contraste resultaba inevitable. Kicillof gobierna la provincia de Buenos Aires como uno de los principales referentes del peronismo, mientras Macri sigue siendo la figura más influyente del PRO. Dos trayectorias políticas que, en los últimos años, se enfrentaron en casi todos los debates económicos e ideológicos. Nada en común, nada que decir. Nula coincidencia, nada de “hipocresía de la casta”.
El peso simbólico del lugar
El escenario tampoco era neutral. Expoagro representa desde hace tiempo uno de los espacios más cercanos al sector agropecuario argentino, un mundo que mantiene una relación histórica compleja con el kirchnerismo desde el recordado conflicto con el campo de 2008.
Por eso la presencia de Kicillof ya generaba expectativa antes de que comenzara la cena. La coincidencia con Macri en la misma mesa añadió ese condimento inesperado a una velada que, en teoría, estaba pensada para celebrar la producción y la innovación tecnológica del agro.
Durante buena parte de la noche, ambos mantuvieron un perfil bajo. Las conversaciones fluían alrededor, las copas se levantaban para brindar y el murmullo del salón crecía a medida que avanzaba la cena. Sin embargo, entre ellos predominó una distancia prudente.
El discurso que volvió a cargar el clima
Más tarde llegó el momento de los discursos. Cuando Kicillof tomó la palabra frente al auditorio, el clima volvió a cargarse de atención. El gobernador habló sobre la necesidad de impulsar la producción agroindustrial y también dejó una definición que resonó entre empresarios y dirigentes.
En un pasaje de su intervención sostuvo que “el libre mercado irrestricto ya no está de moda en el mundo”, una frase que varios escucharon con particular atención por el contexto político y económico en el que fue pronunciada.
Macri escuchó desde la mesa. No hubo gestos visibles de aprobación ni de desaprobación. Apenas una atención silenciosa, concentrada en el escenario mientras el discurso avanzaba.
Una escena que dijo más que las palabras
La cena siguió su curso entre aplausos, conversaciones cruzadas y el clima habitual de un evento que reúne a gran parte del establishment agroindustrial argentino. Pero la escena ya había quedado marcada en la memoria de muchos de los presentes.
A veces la política no necesita discursos encendidos para revelar tensiones. En ocasiones alcanza con una mesa compartida, dos dirigentes que representan modelos económicos opuestos y una coincidencia que los obliga a compartir espacio.
En la noche de Expoagro, la postal quedó servida: Kicillof y Macri frente a frente, un saludo protocolar, pocas palabras y una sucesión de miradas que dijeron bastante más que cualquier conversación.

