Después de semanas de promesas, demoras y explicaciones cruzadas, Manuel Adorni finalmente presentó sus declaraciones juradas rectificativas ante la Oficina Anticorrupción y ARCA.
Lo hizo pocas horas después de adherir al Régimen Simplificado de Ganancias impulsado por el propio gobierno de Javier Milei y eligió un estudio de televisión para contar su versión de los hechos.
El resultado fue llamativo. Porque mientras intentaba explicar cómo construyó su patrimonio, el jefe de Gabinete terminó admitiendo que junto a su esposa mantuvo durante años una importante cantidad de dinero fuera de cualquier declaración formal.
La frase que quedó resonando fue sencilla y al mismo tiempo explosiva: “Ahorramos en negro, como todos los argentinos”.

Lejos de tratarse de un furcio o una expresión aislada, fue el eje de toda su defensa. Según relató, el patrimonio cuestionado proviene de “años de actividad privada” junto a su esposa, Bettina Angeletti. También sostuvo que una parte importante de esos fondos surgió de inversiones tempranas en Bitcoin realizadas entre 2013 y 2018.
“Toda la vida ahorramos, lo hicimos en negro, como la mayoría de los argentinos que tuvo la suerte de ahorrar”, insistió.

La reconstrucción presentada por Adorni incorpora más de 500 mil dólares que no figuraban en declaraciones anteriores y que, según explicó, surgieron de ahorros personales, herencias e inversiones en criptomonedas.
Una explicación que abrió más interrogantes que los que cerró
La entrevista avanzó y las explicaciones comenzaron a generar más preguntas que respuestas.
Consultado sobre por qué esos fondos nunca habían sido declarados, Adorni respondió: “No lo declaramos porque la manera de escaparse de la vieja política era tener un ahorro en negro. Nunca se me hubiese ocurrido ahorrar en blanco en aquellos años”.
La frase provocó un inmediato revuelo porque el argumento dejó de centrarse en cuestiones técnicas o contables para apoyarse en una justificación política y cultural.
Según el jefe de Gabinete, mantener ahorros no registrados era una forma de protegerse del Estado.
Durante años el discurso libertario construyó una narrativa basada en la responsabilidad individual, el mérito y la necesidad de respetar reglas claras. Sin embargo, cuando llegó el momento de explicar un patrimonio que no aparece reflejado en declaraciones previas, la defensa elegida fue que se trataba de una conducta extendida entre los argentinos.

Los dólares, la herencia y las ganancias con criptomonedas
Adorni aseguró que una parte central de esos fondos provino de inversiones realizadas hace más de una década.
“Invertimos 200 mil dólares y ganamos unos 300 mil dólares”, explicó al referirse a operaciones con Bitcoin.
Según su relato, comenzó a invertir en criptomonedas en 2013 y obtuvo importantes ganancias hasta 2018. También afirmó que parte de la reconstrucción patrimonial incluyó dinero heredado tras la muerte de su padre.
“Mi primer dinero lo hago cuando fallece mi papá en 2002, que lo encontramos en el departamento”, sostuvo durante la entrevista.
La defensa oficial agrega que las rectificaciones alcanzan los años 2023, 2024 y 2025, además de operaciones inmobiliarias, remodelaciones, movimientos patrimoniales y activos que no habían sido incorporados originalmente.
Pero incluso dentro de esa explicación apareció otra admisión llamativa. “Cuando llega el 2023 copio la declaración jurada que venía siendo patrimonial y voy arrastrando el error”, reconoció.
Es decir, según su versión, el dinero que no había sido incorporado previamente continuó ausente cuando ingresó a la función pública porque simplemente reprodujo información anterior.

La polémica ya no pasa solamente por los números
La situación administrativa y fiscal seguirá su curso y serán los organismos competentes los que determinen si las explicaciones brindadas resultan suficientes.
Sin embargo, la controversia política parece haberse desplazado hacia otro terreno. Porque la discusión ya no gira exclusivamente alrededor de cuánto dinero tenía Adorni, cómo lo obtuvo o cuándo decidió declararlo.
La cuestión central pasa por el mensaje que dejó su explicación pública y la nula credibilidad que generó en la opinión pública.

Cuando un funcionario admite haber mantenido durante años ahorros no declarados después de darse una vida de lujos a partir de comenzar su actividad en la función pública parece un argumento infantil.
Adorni intentó mostrarse afectado por las acusaciones recibidas. “Me acusaron de chorro. Me dolió un montón”, afirmó. También sostuvo: “No soy un chorro”.

Sin embargo, la repercusión de sus palabras parece haber ido mucho más allá de su situación personal. Porque muchas veces en política una explicación no se evalúa solamente por su consistencia técnica, que en este caso suena a creación imaginaria de sus abogados. También por la sensación que deja en la sociedad.
Y pocas veces una defensa pública generó tanto ruido como la de un jefe de Gabinete que, para justificar la aparición de más de medio millón de dólares en sus declaraciones rectificativas, eligió explicar ante las cámaras que durante años había “ahorrado en negro” porque, según dijo, eso era algo que hacía gran parte de los argentinos.

Esa argumentación es más amigable y menos onerosa judicialmente para él que admitir que se haya enriquecido de repente desde que ingresó a la función pública.
Los más veteranos recordaron el sketch de Luisa Albinoni en la “Peluquería de Don Mateo” de Gerardo Sofovich, en donde cada semana llegaba diciendo que se había encontrado bienes de valor o dinero “detrás de un árbol”.
“Yo soy coleccionista de computadoras y cosas viejas. Más allá de que la ganancia era importante, me lo guardé como un trofeo“, fue toda la explicación que dio para sus deficientes declaraciones juradas de los últimos años.


