El comercio de cercanía, un pilar fundamental de la vida social y económica de los barrios bonaerenses, enfrenta un desafío existencial. La combinación de nuevas tecnologías de compra, la desaparición del colchón inflacionario y una fuerte reconversión de las grandes cadenas configuran un escenario crítico. En diálogo con el programa Palabras más, palabras menos de LA CIELO, el vicepresidente de la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM), Armando Farina, definió el momento actual como una “tormenta perfecta”.
Para el dirigente empresarial, el sector comercial tradicional se encuentra sobredimensionado debido a las distorsiones de los años previos. “En períodos inflacionarios era muy fácil comprar a 10 y vender a 11, y si habías comprado mal la inflación te licuaba el mal negocio; hoy ya no”. En este nuevo escenario de estabilidad relativa, los márgenes de error desaparecen y los comercios deben competir de manera profesional frente a un cliente que también cambió.
El teléfono como arma de compra y la grieta de las mediciones
El consumidor actual ya no recorre góndolas a ciegas. Farina explicó que los compradores se han transformado en “profesionales de la compra” debido a que cuentan con el teléfono celular como una herramienta clave para comparar precios y canales en tiempo real. Esta digitalización explica la brecha que hoy divide a los analistas sobre si el consumo real está cayendo o simplemente mutando.
Según el vocero de CADAM, las mediciones tradicionales (como las de la consultora Scanntech) registran un retroceso del 5,1% en el intercambio comercial físico versus el año pasado. Sin embargo, Farina advierte que ese número no contempla el universo digital. “Si a la comercialización tradicional le sumamos lo que factura Mercado Libre, que son 500 millones de dólares por mes, y los 123 millones de dólares que los argentinos compran directo a través de aplicaciones del extranjero, el consumo total está levemente por arriba del año pasado”.
La ofensiva de los grandes y el fin de la cercanía
La verdadera amenaza para el almacenero, el carnicero o el panadero de barrio no es solo que el cliente compre online, sino cómo reaccionan las grandes superficies a esta pérdida de mercado. Al no poder vender de manera eficiente productos no perecederos por aplicación, los supermercados y mayoristas están volcando su estrategia hacia los productos frescos.
“Se empezaron a transformar; cada vez venden más frescos, carnes y pescados, que son los productos que la gente no puede comprar por aplicación”. Esta “invasión” de las grandes cadenas sobre el terreno de los productos frescos asfixia directamente a los pequeños comercios de cercanía. “Vamos a ver en los próximos meses cómo la panadería de barrio empieza a cerrar, el almacén, la carnicería y la pescadería de barrio empiezan a cerrar si no se transforman”.
El espejo del mundo: de locales a viviendas de alquiler
Farina trazó un paralelismo con lo que ya ocurre en países desarrollados para advertir que este proceso de reestructuración urbana e inmobiliaria es irreversible. En el interior de Estados Unidos y de Europa, los centros comerciales tradicionales están desapareciendo para transformarse en depósitos logísticos (como los de Amazon), mientras que la fisonomía de las calles cambia por completo.
“En Estados Unidos y en Europa hay muchos locales comerciales que daban a la calle que se están convirtiendo en departamentos para alquilar a turistas (Airbnb)”. La advertencia para el entramado urbano bonaerense es contundente: el local a la calle tal como se lo conoció durante el siglo XX está en vías de extinción, y aquellos comerciantes que no logren incorporar la tecnología y redefinir su propuesta de valor quedarán fuera de juego en una de las transformaciones comerciales más violentas de la historia reciente.

