Hay situaciones que encienden las alarmas. Que generan al menos un alerta. Porque Estudiantes volvió a fallar un penal: desde los 12 pasos, en Junín, el que no logró acertar fue Joaquín Correa. Y esto, de cara a dos potenciales definiciones, es un tema a abordar.
Porque dos de los ejecutantes que por pedigrí deberían ser garantía de confiabilidad, el goleador Guido Carrillo y el propio Correa, han sostenido esa tendencia: los dos últimos penales que tuvo Estudiantes no terminaron en gol.
En este semestre, a la ejecución elevada de Correa en Junín se sumó el penal fallado por Guido ante Independiente: a los 81′ de partido, faltando nueve para la finalización (más el descuento) y con chances de rescatar al menos un punto, el 9 no pudo vencer a Rodrigo Rey, quien le adivinó la intención.
En el caso de GC, una situación que pone de manifiesto que los penales ya son un karma: metió uno de los cinco que disparó desde que volvió al club y en Estudiantes mandó adentro sólo 9 de los 16 que chutó. Los otros siete se los atajaron.
¿Es un tema para preocuparse? Por lo pronto, para ocuparse. Porque por delante Estudiantes afrontará dos posibles cruces que podrían derivar en tandas: el de Copa Argentina (el jueves disputará el mano a mano ante Barracas Central, desde las 19, por los octavos) y el de los cuartos de final de la Copa Libertadores, ante Corinthians. Hacer foco en ese déficit en este semestre asoma al menos necesario. Para mejorar la puntería en pos de no sufrir.

