El peronismo busca reordenarse frente al avance de Javier Milei, pero en el camino vuelve a tropezar con un problema que excede las internas: qué agenda logra instalar y cómo consigue interpelar a los sectores que sufren las consecuencias económicas del modelo libertario pero todavía no tienen decidido su voto.
En una coyuntura atravesada por la pérdida de poder adquisitivo, el endeudamiento de las familias, la pobreza y el cierre de pequeñas y medianas empresas, algunas recientes actividades publicitadas por dirigentes y espacios del justicialismo quedaron demasiado lejos de esa agenda urgente.
No se trata necesariamente de cuestionar la legitimidad de cada actividad ni de afirmar que esos temas no puedan formar parte de la conversación pública. El problema es otro: el timming.
Mientras el peronismo sigue encerrado en sus peleas internas y todavía no consigue mostrar un programa común frente al Gobierno nacional, agrega escenas que terminan funcionando como blanco perfecto para sus adversarios y sus imágenes reduccionistas.
La situación se vuelve más evidente porque el peronismo llega a esta etapa con una fuerte dispersión interna. Mientras algunos sectores intentan construir una alternativa alrededor de la gestión de Axel Kicillof, otros mantienen como principal eje la situación judicial de Cristina Kirchner y buena parte del kirchnerismo todavía organiza su discurso alrededor de la expresidenta.
En paralelo, la oposición aprovecha cada oportunidad para correr la discusión hacia los problemas que más golpean al gobernador bonaerense, a quien identifican como el principal adversario de Milei en 2027. En ese marco, la inseguridad y la crisis del IOMA, funcionan como dos asuntos que afectan directamente a la gestión provincial y que también permiten cuestionar a dirigentes de origen kirchnerista como Nicolás Kreplak.

Entre los contendidos para redes y el país de todos los días
Uno de los ejemplos que generó más ruido fue el anuncio de la segunda edición del “Kukapalooza”, una jornada cultural y política convocada en respaldo a Cristina Kirchner.
El encuentro militante que toma el apodo descalificativo hacia la militancia kirchnerista para resignificarlo – como reivindicación- está previsto para el 26 de septiembre en el Ateneo Néstor Kirchner de San Martín
El encuentro tendrá entre sus actividades una charla del exvicepresidente Amado Boudou y otra del exprocurador del Tesoro Carlos “Chino” Zannini. También están anunciadas las presentaciones musicales de Peteco Carabajal y Teresa Parodi.

Para el kirchnerismo duro, la actividad forma parte de la estrategia para denunciar lo que considera la proscripción y detención de la expresidenta. El punto de discusión política, sin embargo, pasa por otro lado: cuánto logra esa agenda trascender el núcleo propio y cuánto conecta con quienes están más preocupados por llegar a fin de mes que por la interna del peronismo.
La oposición y medios anti -k encontraron allí un ejemplo para volver a presentar al kirchnerismo preocupado por “defender” a dirigentes condenados por la justicia.
Wado, Ofelia y el salame que terminó convertido en chicana
Algo similar ocurrió con una escena mucho más pequeña, pero que tuvo una enorme facilidad para convertirse en contenido político. El senador nacional Eduardo “Wado” de Pedro recibió en Mercedes a Ofelia Fernández, en el marco de la Fiesta Nacional del Salame Quintero.
“Tiene convicciones, es audaz y una gran militante y comunicadora que siempre se hace escuchar! Pero le faltaba algo: aprender a cortar el salame mercedino”, escribió De Pedro al compartir las imágenes.
El episodio era, en principio, una posteo que buscaba mostrar cercanía y complicidad. Pero en redes terminó siendo cuestionado hasta por sectores del peronismo quienes lamentaron la desconexión respecto de los grandes temas que preocupan a las mayorías.
La escena puede sonar anecdótica pero ilustra el problema de falta de sincronía en lo comunicacional: cuando la discusión pública está dominada por la caída del consumo, los salarios, las deudas y el cierre de empresas, cualquier gesto festivo puede ser recortado y utilizado para instalar la idea de una dirigencia alejada de esas preocupaciones.
“Sin gordes no hay feminismo”
El caso de Nicolás Kreplak generó mucho debate y genera opiniones encontradas. El ministro de Salud bonaerense participó el último sábado del sexto Encuentro Plurinacional de Gordes, que tuvo entre sus consignas “Sin gordes no hay feminismo”.
Kreplak defendió la actividad y sostuvo que ese tipo de debates también interpelan al sistema sanitario. “Necesitamos aprender nuevas maneras de mirar la salud”, planteó, al tiempo que cuestionó la patologización y la medicalización y llamó a revisar los sesgos existentes en las políticas sanitarias.
El Gobierno Nacional aprovechó para criticar que un ministro participe de ese tipo de encuentros mientras la provincia atraviesa problemas en su sistema de salud y, especialmente, mientras persiste la crisis del IOMA.
Kreplak respondió en redes: “Era sábado, la provincia no puso un peso y yo con mi tiempo hago lo que quiero”. También cuestionó a quienes criticaron el encuentro y defendió la posibilidad de discutir esos temas sin presupuesto público.
El problema no es solamente la interna
El punto de fondo es que a un año de las elecciones, el peronismo todavía tiene dificultades para transformar el malestar generado por las políticas de Milei en una agenda propositiva capaz de plantear un programa político superador y con capacidad para renovar la confianza de las mayorías tras el fracaso de su último gobierno de Alberto Fernández.
Los datos económicos ofrecen un terreno fértil para hacerlo: pobreza, endeudamiento, caída de la actividad, pérdida de poder adquisitivo y cierre de pymes industriales forman parte de una realidad que puede interpelar incluso a quienes no tienen una identidad peronista consolidada.
Sin embargo, buena parte de la discusión opositora continúa fragmentada entre la disputa interna por el poder y los liderazgos, la defensa de Cristina, la “lealtad” o “deslealtad” de Kicillof, las canciones del peronismo, o los roles latente Sergio Massa o Máximo Kirchner.
Ahí aparece el verdadero desafío electoral del peronismo: no alcanza con tener argumentos contra Milei si no consigue convertirlos en un proyecto político creíble y superador para los nuevos desencantados o arrepentidos de Milei.


