La histórica florería “Su Florista“, ubicada en la esquina de 12 y 62, en La Plata, enfrenta un nuevo conflicto con la Municipalidad. Después de que la Comuna retirara el puesto que funcionó durante más de cuatro décadas, ahora inspectores clausuraron otro local de los mismos dueños del comercio y dejaron a sus propietarios con mercadería dentro del local y limitaciones para trabajar. La familia denuncia hostigamiento y trabas para sostener su actividad.
La situación se conoció a través del ciclo Todo no se puede, el programa de La Cielo 103.5 conducido por Juan Cruz Coscarelli, que volvió a la esquina del conflicto con el móvil del cronista Nicolás Chillón para recoger el testimonio de los comerciantes.
El puesto de flores que ‘levantaron de cuajo’
El conflicto comenzó en la madrugada del jueves previo al Día de la Madre, cuando la Municipalidad retiró con grúas la estructura metálica que la familia utilizó durante más de 40 años.
Según relató Tamara, una de las titulares, e hija del fundador del negocio, la notificación les dio apenas 12 horas para desocupar el espacio, justo antes de una de las fechas de mayor venta del año para el rubro.
“Nos dieron 12 horas. Obviamente en 12 horas no podíamos desmontar toda la estructura, pero gracias a Dios logramos vaciarlo”, contó la comerciante. También recordó lo que ocurrió con otros vendedores: “A los colegas del cementerio les levantaron el puesto directamente con todo lo que tenían adentro”.
Tras el retiro, la familia tuvo que trasladarse a una estructura metálica más pequeña, instalada en la vereda de enfrente y “mas moderna”. El cambio, lejos de resolver la situación, abrió nuevos problemas para el funcionamiento cotidiano del comercio.
Un puesto más chico que no sirve para trabajar
La nueva cabina, adjudicada mediante una licitación municipal, no tiene las dimensiones necesarias para desarrollar la actividad con normalidad, según denunció Tamara. La comerciante explicó que el espacio no permite instalar los equipos indispensables para atender a los clientes y conservar la mercadería.
“Ese puesto no es acorde ni cumple con las necesidades del rubro”, sostuvo. Y detalló las limitaciones: “Nosotros tenemos computadora, ticketadora fiscal, cámaras de seguridad y heladeras que ahí no entran; con suerte entra el empleado”.
Las dificultades llevaron a la familia a no abrir la nueva estructura durante el domingo del Día de la Madre y a concentrar las ventas en un local que utilizaban como depósito y punto de expendio, ubicado a pocos metros de la esquina original.
“Pagamos por la licitación de ese puesto nuevo más que por un local sobre calle 12, pero si te pasan de un espacio adecuado a uno tan reducido, tu capacidad productiva se ve totalmente afectada”, afirmó.
Clausuraron el depósito y la mercadería quedó adentro
Ayer lunes, alrededor de las 19, inspectores municipales se presentaron en el local complementario y dispusieron su clausura. De acuerdo con el relato de la comerciante, el procedimiento se originó por la presencia de plantas sobre la vereda, una situación que vinculó con la falta de espacio en el nuevo puesto.
Tamara cuestionó la medida porque, según aseguró, el establecimiento cuenta con habilitación municipal vigente. Además, indicó que el puesto anterior tenía un contrato firmado con la Comuna cuyo vencimiento estaba previsto para 2027.
“Vinieron a las 7 de la tarde, estaba mi hermano y le preguntaron si teníamos habilitación. El local está habilitado y el puesto anterior tenía contrato vigente hasta el año que viene”, relató.
La clausura dejó a la familia sin acceso a la mercadería almacenada y redujo sus posibilidades de venta a la pequeña estructura instalada frente al puesto original. “Clausuraron directo. Ahora tenemos toda la mercadería atrapada adentro del local cerrado y solo podemos funcionar desde el puesto chico”, denunció.
“No me pienso callar más”
La comerciante expresó su malestar por la sucesión de medidas y cuestionó la falta de diálogo con las autoridades municipales. Según planteó, las decisiones afectan directamente una actividad familiar que se sostuvo durante décadas y de la que dependen puestos de trabajo.
“Me callé todo el año pasado para ‘no hacerlos enojar’ y terminaron haciendo lo que quisieron. Así que ahora no me pienso callar más”, advirtió Tamara.
Y concluyó con un cuestionamiento a la administración local: “Es totalmente injusto. Somos nosotros, los comerciantes y laburantes, los que pagamos los sueldos de ellos con nuestros impuestos”.
Mientras la familia Ferrero busca alternativas legales para enfrentar la clausura y sostener el negocio, el conflicto vuelve pone en discusión el impacto de las decisiones municipales sobre los comerciantes tradicionales de La Plata.


