Cualquiera que haya caminado el asfalto de la ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires sabe que el tránsito nunca fue manso. Semáforos que titilan sin ton ni son, sendas peatonales que se borran, esquinas donde cruzar es un acto de fe.
Lo nuevo (y lo que empieza a incomodar a buena parte del vecindario del Casco Urbano) es otra cosa: la sensación de que el operativo de control dejó de ordenar para empezar a recaudar. La diferencia entre educar al conductor y “cazarlo a mansalva” se volvió tan difusa como esas mismas sendas peatonales que nadie repinta.
Una cuadra, seis actas a la 1:46 de la madrugada
El caso que terminó de indignar a los vecinos pasó este fin de semana en la calle 16, entre 46 y 47. Domingo, 1:46 de la madrugada: mientras la cuadra dormía, un inspector “random” recorrió el sector y descargó una lluvia de multas sobre (al menos) seis autos estacionados en fila.

El problema con certeza no estuvo en la infracción, sino en la señalización (o mejor dicho la ausencia de ella). La prohibición de estacionar se habría pintado días antes, y a medias, solo frente a un colegio de la Universidad Católica. El resto de la cuadra siguió sin una sola marca que avisara del cambio.
Los vecinos dejaron los autos donde los dejan siempre, fieles a la costumbre del barrio. La respuesta municipal fue seca: la prohibición rige las 24 horas, día y noche, señalización o no.
El mapa invisible de las “trampas cazabobos”
Ahí aparece la primera gran grieta de un sistema que perdió el rumbo pedagógico. ¿Qué se le enseña a un conductor con un acta labrada a las dos de la mañana, en una calle sin una sola marca visible de penalización? Nada. El orden vial se construye con señalización clara y presencia en horario de luz, no acechando al distraído en la oscuridad.

Y el problema excede aquella cuadra: La Plata se volvió, cuadra a cuadra, un catálogo de trampas. Multas que hoy superan largamente los $110.000 caen por fotomulta sobre quien pisa con su vehículo una senda peatonal agrietada, borrada o directamente inexistente.
Se sanciona por parar en un área sin cordón pintado, o frente a una parada de colectivo cuyo cartel fue vandalizado (o nunca repuesto). Sin referencias visuales, la infracción queda a merced del criterio de cada inspector.

Multar de noche, mirar para otro lado los días de partido
La bronca vecinal crece, además, por una fiscalización que muchos describen como despareja. Las mismas faltas que un sábado cualquiera se empiezan a castigar sin piedad, se vuelven invisibles cuando hay partido, recital o algún evento masivo, y el caos de estacionamiento toma manzanas enteras sin que aparezca un solo inspector.

Esa doble vara alimenta una sospecha que ya circula puertas adentro de cada reclamo: que hay una “lógica de productividad” detrás del volumen de actas, más pensada en ampliar “la caja” que en la seguridad real.
Nadie razonable saldría a defender a quien tapa una rampa para personas con discapacidad o ignora un cartel de “prohibido estacionar” bien visible: ahí la mano dura está justificada.
Pero exigirle al vecino el cumplimiento estricto de una normativa vial sobre una infraestructura que hace agua (además de la nula señalización y pintura, el bache que revienta una goma es moneda corriente, y el gasto lo afronta el bolsillo particular) convierte el reclamo en una ecuación injusta.

Cobrar cien lucas o más por pisar una línea fantasma sobre una calzada rota es, directamente, una provocación.
Por eso la insistencia no es caprichosa: antes de multar hay que señalizar, y antes de exigir hay que mantener. Pintar cordones, reponer carteles de parada, repintar sendas: nada de esto es un lujo, es la base mínima para después poder cobrar con autoridad moral.
Si el municipio sigue prefiriendo el acta fácil a esta ínfima obra pública precautoria, lo que gana en caja lo va a perder en confianza. Y un vecino que le perdió la confianza a la señal de tránsito es, tarde o temprano, un vecino que deja de mirarla.
La otra pregunta que queda resonando es: ¿los inspectores ganan un porcentaje de las multas que aplican, hasta de madrugada a troche y Moche?


