En una entrevista en los estudios de Infocielo Play, Albino Aguirre recibió a Julieth Fernández, secretarie general de SUTEBA La Plata, para dialogar sobre los desafíos de la representación sindical. Pero en el medio de las temáticas centrales del reportaje se cruzó otro tema que atraviesa a la persona detrás del gremialista, como es el camino hacia el reconocimiento de las identidades no binarias en Argentina.
Fernández, quien recientemente obtuvo su Documento Nacional de Identidad rectificado, compartió detalles sobre su proceso personal y su visión transformadora de la educación pública.
El 23 de mayo pasado no fue un día más para Julieth. Coincidiendo con su asunción como autoridad en el gremio docente, recibió en su casa el DNI con su nombre y género autopercibido. “Es un trámite administrativo habilitado por ley”, explicó, resaltando que la Ley de Identidad de Género permite la rectificación de la partida de nacimiento por simple autopercepción. Aunque reconoce que el trámite fue sencillo, Julieth recordó las demoras lógicas de venir del “interior profundo”, de la zona de la ciudad bonaerense de América, en el límite con la provincia de La Pampa.
Trascender la binariedad
Al ser consultada por Albino Aguirre sobre qué implica esta identidad en términos prácticos (“¿Qué es ser no binarie?”), Fernández fue contundente: “Ser no binarie es no identificarse ni con lo masculino ni con lo femenino. Es no sentirte cómodo, cómoda o cómode con lo estipulado o con lo que dicen que tenés que ser”. Para (el, la, le) referente sindical, se trata de una ruptura con lo biológico para abrazar una forma de existir y amar sin encasillamientos sociales.
“El mundo es binario, mujer-varón, porque viene de lo biológico. Bueno, es trascender un poco eso y también trascender los modos: la ropa, el clásico”, señaló en la entrevista. En este sentido, destacó que hoy, gracias a los avances sociales, se entiende que “la ropa no tiene género, los colores son de todos” y que el rosa o el celeste ya no deberían estar asociados a un sexo específico.
Respecto a la reacción de la sociedad, Fernández observa un cambio de paradigma. Si bien reconoce que aún persisten núcleos de odio que se manifiestan en “lesbicidios y transfemicidios”, considera que en el trato cotidiano lo que predomina es la falta de herramientas. “Creo que es más incomodidad de no saber cómo manejar la situación que un rechazo”, afirmó. Esa incomodidad suele aparecer en lo discursivo: “Cuando hablás de lo no binario, incluso tenés que hablar con la ‘e’ o mi pronombre sea ‘le’, y es difícil porque es hablar como en un neutro raro. El idioma mismo tiene ahí una traba”.
El aula como motor
Con 28 años de antigüedad en la docencia, Julieth Fernández posee una perspectiva privilegiada sobre la evolución del sistema educativo bonaerense. Recordó que cuando comenzó a dar clases en 1996, era “imposible plantear esto”. En aquel entonces, la segregación era la norma: las nenas jugaban a ciertas cosas vestidas de rosa y los nenes al fútbol de azul.
Incluso las instituciones estaban diseñadas bajo esa lógica binaria. “La escuela técnica históricamente era de varones. Si quería ir una mujer en mi pueblo, tenía que ser una excepción de la Dirección General de Escuelas”, recordó. Hoy, celebra que esas barreras se hayan roto y naturalizado, en gran medida gracias a la Educación Sexual Integral (ESI). “Los pibes te lo dicen en el aula, esa barrera ya se rompió”, aseguró, subrayando que la escuela es el espacio donde se gestan los cambios sociales más profundos.
Desafíos del lenguaje
La dirigente también se refirió a la resignificación de palabras que históricamente fueron usadas como insultos. “Lo que para las comunidades LGTBIQNB+ es una reivindicación, como ser marica o puto, muchos sectores lo usan como insulto”, analizó. Para Fernández, estas palabras han sido tomadas como banderas de lucha para visibilizar identidades que la sociedad intentó ocultar.
Finalmente, le secretarie general de SUTEBA La Plata enfatizó que las leyes, como la Ley de Identidad de Género o la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans, son fundamentales no solo por el derecho que otorgan, sino porque “habilitan un debate social y habilitan a poner en agenda lo social”.
Para Julieth, su presencia en la conducción de un gremio tan relevante como el docente es un paso más hacia una sociedad donde la diversidad no sea motivo de incomodidad, sino una realidad plenamente integrada en las aulas y en las calles.

