Nacho Fernández atravesaba la nota post partido con la euforia del triunfo histórico a flor de piel, analizando la victoria de Gimnasia ante River en el Bosque y repasando su historia con el Millonario. Pero la escena tenía un condimento extra: el capitán del Lobo sostenía en brazos a su pequeña hija Olivia, que estaba ajena por completo a la “seriedad del móvil”.
En determinado momento, la nena soltó, clarito y sin ningún tipo de vergüenza, “pa, me tiré un cohete”. Fernández esbozó una sonrisa y trató de seguir con su declaración como si nada, pero la chiquita, fiel a su estilo, redobló la apuesta y repitió la frase.
Ahí ya no hubo forma de sostener la seriedad: el futbolista largó una carcajada que no pudo disimular, mientras el periodista, con oficio, tiró un “son cosas que pasan” para bajarle el clima tenso (entre risas) a la situación.
POR QUÉ LOS CHICOS NO TIENEN FILTRO
Lo que en la jerga de crianza en Estados Unidos se conoce como “toddlers” (los chicos de entre uno y tres años que ya caminan y hablan pero todavía no filtran nada) en la literatura pediátrica local se los engloba dentro de la “primera infancia”, aunque también existe la traducción literal “etapa del deambulador”, poco usada en la calle.
Lo concreto es que, a esa edad, la corteza prefrontal (la zona del cerebro encargada de frenar impulsos y medir consecuencias sociales) todavía está en pleno desarrollo.
Según describió Jean Piaget, los chicos de esa franja etaria atraviesan una etapa “preoperacional” marcada por un fuerte egocentrismo cognitivo: no logran todavía distinguir qué información es “compartible” y cuál no, porque carecen de la autorregulación necesaria para censurarse frente a un adulto, una cámara o un micrófono.
Traducido al criollo: no existe la posibilidad de que un nene de esa edad “se guarde” algo. Si pasó, se cuenta. Y ahí no hay streaming, jugador de Primera ni cronista de ESPN que valga.
EL TOQUE HUMANO DE UNA TARDE FUTBOLERA
Más allá del resultado deportivo, la postal quedó como uno de los momentos más compartidos en redes tras el partido en el Bosque.
Una vez más, quedó claro que ni los capitanes de Primera División están a salvo de la sinceridad brutal de sus propios hijos. Y que los fuegos artificiales del comienzo del encuentro tuvieron su continuidad pero ya por los festejos. Mientras tanto algunos triperos le pidieron al volante bonaerense nacido en Dudignac en el partido de 9 de Julio que no censure “ni en pedo” a su pequeña.

