La crisis económica nacional sigue devorándose las ilusiones de los emprendedores bonaerenses y golpeando con fuerza el entramado comercial de La Plata, su capital provincial. Esta vez, la mala noticia llega desde la zona sur de la ciudad, donde un entrañable espacio gastronómico se vio obligado a tomar la decisión más difícil: bajar definitivamente sus persianas.
Se trata de Casa Chic Café, una cafetería ubicada estratégicamente a metros del Hospital San Juan de Dios. El comercio, que supo ser un punto de encuentro y contención para vecinos, pacientes y trabajadores de la salud, transita sus últimos días.
A través de un posteo en sus redes sociales, el equipo anunció: “Amigos, vecinos, clientes que se hicieron amigos, les contamos que esta es nuestra última semana… Los esperamos para despedirnos”. El último servicio será el próximo domingo 30 de agosto.

Emprender en la era del ajuste nacional
Detrás del cartel de “cerrado”, hay una radiografía política y social que excede las paredes del local. Los propietarios no edulcoraron los motivos del final. Con una honestidad brutal que contrasta con el discurso oficial de “reactivación económica“, expresaron la frustración de sostener un negocio bajo un modelo de asfixia al consumo interno y falta de fomento productivo.
“Es triste apostar al país, intentar que la rueda gire y que los gobiernos no contribuyan”, dispararon desde el comercio, sintetizando el desamparo que sienten miles de pymes y comerciantes frente a las políticas nacionales de desregulación y nulo auxilio al sector privado local.
El cierre no es por falta de voluntad, sino por la inviabilidad que imponen las tarifas y la recesión: “Mucho trabajo, esfuerzo, ilusiones, dinero y amor puesto en Casa Chic”.

El síntoma de la crisis: profesionales de la salud sin presupuesto
Quizás el pasaje más doloroso y políticamente significativo de su despedida es el que describe el impacto del ajuste en los salarios de la salud pública. En una provincia que resiste los embates de los recortes de fondos de la administración nacional, la realidad de los trabajadores estatales quedó expuesta de la peor manera en las mesas vacías del café.
“Lamentablemente, hoy, médicos y enfermeros de un hospital público no tienen tiempo para tomarse un café, de lo mucho que trabajan, ni dinero para pagarlo”, señalaron con profunda tristeza en un textual que cala hondo en la realidad platense.
Frente a la pérdida del poder adquisitivo de los profesionales de la salud, el café ya no es un consumo accesible, sino un lujo privativo. Desde el comercio intentaron resistir brindando empatía: “Los abrazamos, intentamos darle un lindo lugar para un recreo y reponer energías”.

El desenlace de Casa Chic evidencia cómo la caída del consumo de los asalariados arrastra en cadena a los comercios de barrio. Con la tristeza de concluir esta etapa, sus fundadores se despidieron agradeciendo el afecto recibido: “Nos llevamos en el corazón el haber conocido mucha gente hermosa”.
Con la frente alta y la esperanza intacta a pesar del golpe, concluyeron su mensaje con un anhelo para el futuro: “Ya nos encontraremos en otro proyecto”, pidiendo “que el café y la fe nunca se enfríen”.
En la capital de la provincia de Buenos Aires, una nueva persiana se baja, dejando un vacío comunitario y un llamado de atención ensordecedor sobre el rumbo de la economía nacional.


