Julio Simón, más conocido como “El Turco Julián”, murió en prisión a los 84 años. Fue uno de los torturadores más infames de la última dictadura cívico-militar y comandó grupos de tareas en el centro clandestino El Olimpo. Su nombre quedó marcado no solo por su brutalidad, sino también por la exposición mediática que tuvo en los años 90, cuando se paseaba por la televisión sin haber sido condenado, amparado por las leyes de impunidad de aquella época.
El ex policía federal había sido condenado tres veces por delitos de lesa humanidad y cumplía su pena en la Unidad N° 34 del Servicio Penitenciario Federal en Campo de Mayo.
Durante la dictadura, participó activamente en operativos de secuestro, tortura y desaparición forzada. Con la llegada de la democracia en 1983, huyó a Brasil y trabajó como vigilador privado hasta que regresó al país, beneficiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida de la gestión de Raúl Alfonsín.
TIEMPO DE CONDENAS
Su primera condena llegó recién en 2003, cuando se anularon esas leyes y se retomaron los juicios por crímenes de lesa humanidad.
En 2006, el Tribunal Oral Federal N° 5 lo sentenció a 25 años de prisión por la detención ilegal y torturas contra José Poblete y Gertrudis Hlaczik, así como por la apropiación de la hija del matrimonio, una bebé de ocho meses en aquel entonces.
Más tarde, en la causa Batallón 601, recibió otra pena de 23 años por secuestros, torturas y desapariciones ocurridas entre 1979 y 1980.
ESTRELLA DE MAURO VIALE
Pero el Turco Julián no solo fue tristemente célebre por su rol en la dictadura. En los años 90, cuando estaba libre, gracias a las leyes de impunidad de los años anteriores, a las que se sumaban los indultos de Carlos Menem, tuvo un insólito espacio en la televisión argentina.
Fue un invitado frecuente en “Mediodía con Mauro“, el programa que conducía Mauro Viale en América TV, donde aparecía casi como un columnista estable.
En aquellos años, aún no había sido condenado y, bajo el paraguas de la impunidad, se paseaba por la televisión opinando sobre seguridad y delitos, sin que muchos repararan en su propio historial criminal.
Esa exposición mediática terminó convirtiéndolo en el represor más reconocido de la dictadura. Cuando se reabrieron los juicios, su figura fue de las primeras en ser juzgadas.
Irónicamente, su muerte en prisión ocurrió un día después del 24 de marzo, cuando el gobierno de Javier Milei volvió a abrazar el negacionismo al minimizar el terrorismo de Estado.
Un detalle curioso del destino: mientras su hijo, Jonatan Viale, hoy convertido en un vocero mediático del oficialismo, defiende el discurso de la “guerra sucia”, su padre, Mauro Viale, le había dado un espacio en televisión a uno de los criminales más brutales de la dictadura.

