Lejos de apagar la discusión, el presidente de Lanús, Nicolás Russo, volvió a meterse en la polémica por el pasillo-gate y sorprendió con un cambio de enfoque. Esta vez, además de sostener su postura, destacó la estrategia de Juan Sebastián Verón y la identidad histórica de Estudiantes como parte clave de lo que se generó en la previa.
“Fue una viveza de Verón porque eso le sirvió como motivador para generar quilombo y potenciar al plantel”, analizó. Para el dirigente, el episodio no sólo calentó el clima, sino que terminó jugando a favor del equipo platense, que logró transformar la polémica en energía competitiva.
En ese sentido, reconoció una admiración que llamó la atención: “Soy fanático de la escuela Pincha”, aseguró, haciendo referencia a una tradición que se remonta a Osvaldo Zubeldía y que conoce de cerca por su vínculo con Miguel Ángel Russo. “Ellos siempre buscan un incentivo y lo veo bien, yo también lo hago”, agregó.

El impacto, según su mirada, fue total: el “barullo” potenció tanto a los jugadores como a los hinchas, generando un clima en el que cada partido se vivía como si hubiera algo en contra de Estudiantes. Una lógica que el club supo capitalizar a lo largo de su historia.
Sin embargo, en medio de los elogios, dejó una frase que volvió a encender la polémica: “Te digo más: los árbitros, ante la duda, cobraban para Estudiantes”, lanzó. Una declaración fuerte que suma un nuevo capítulo a una historia que, lejos de cerrarse, sigue dando que hablar.

