La salida de Mauricio Pellegrino de Estudiantes se dio en el marco de un equipo que no le encontraba la vuelta a los partidos desde lo futbolístico ni tampoco desde lo físico y lo mental, y así la llegada de Gabriel Milito lo encontró con mucho por hacer.
Sin embargo, lo que al principio generó dudas porque el equipo no se adecuaba a lo que pretendía el DT, fue solventado por los resultados: seis victorias en sus nueve primeros partidos no dejaron lugar a la duda, y llevaron al plantel al receso con mayor tranquilidad.
La vuelta siguió bajo la misma tónica y los mismos porcentajes, y si bien el equipo siguió sin encontrarse del todo con las formas pretendidas por el Mariscal, continuó ganando y sumando como mandan los libros.
Sin embargo ese estilo con el que tanto se identifica al DT, y que sobre los últimos partidos comenzó a aflorar, fue criticado dentro de la parcialidad Albirroja y el periodismo partidario. Desgastado, el DT decidió que su ciclo sea breve pero efectivo.


