Esta vez, en Mendoza, a Estudiantes lo salvó la individualidad. Cuando más lo necesitaba y menos respuestas encontraba el equipo, apareció la calidad y precisión de Tiago Palacios, el salvador. Comenzó perdiendo de manera insólita, pero lo dio vuelta y se llevó tres puntos muy necesarios.
Necesarios no tanto por la tabla de posiciones de la Zona A del Apertura, ya que en ese aspecto el Pincha tiene un colchón de puntos importante que lo mantienen en zona de clasificación, sino para levantar y repuntar el flojo inicio de ciclo del Cacique Medina en el club, que ahora lleva dos ganados y dos perdidos.
Tras el debut victorioso ante Newell’s en Rosario, el DT uruguayo perdió de manera consecutiva dos encuentros cruciales en el Estadio de UNO, primero con Vélez y luego con Lanús. Una pésima carta de presentación ante los hinchas pincharratas, que rápidamente mostraron su descontento con el nivel del equipo.

Y en esa materia, el Pincha volvió a reprobar. En Mendoza, quedó futbolísticamente en el debe, continúa sin consolidar una idea y, lo más importante, defendió muy mal ante un rival limitado que le generó mucho y que, por momentos, pudo empatar el partido y llevarse algo más.
La genialidad de Palacios en el primer gol y la lucidez de Carrillo para asistirlo en el segundo marcaron la diferencia necesaria para que Estudiantes sume nuevamente de a tres y deje atrás las derrotas en casa. Una nueva caída, ante un rival sumamente inferior, hubiese sacudido la estantería.
El Pincha fue eso y no mucho más. Tuvo buenas intenciones en el inicio del partido, aunque se fueron diluyendo con el correr de los minutos, sufrió los contragolpes y terminó defendiendo el resultado dentro de su área, muy replegado en el fondo. ¿Eficaz? Sí. ¿Convincente? Aún no. En fin, un triunfo fundamental -sobre todo para su técnico- y un alivio para preparar con mayor tranquilidad el próximo encuentro ante Central Córdoba, nuevamente en el Estadio de UNO.

