Si bien Estudiantes ya había mostrado que le costaba defender las contras de Gimnasia de Mendoza, nada hacía prever el gol del local. Sobre el final de la primera mitad, ya en el tiempo agregado, el Lobo aprovechó un cúmulo de errores defensivos y sorprendió al Pincha, que se fue al descanso entre dudas y reproches.
Fueron al menos cuatro fallas defensivas en un pequeña jugada de menos de diez segundos. Primero, la menos grosera, una barrida sin sentido de Tiago Palacios dentro del área, permitiendo el avance de Saavedra. Luego un rechazo imperfecto de Tomás Palacios, seguido de un traspié de Mikel Amondarain y, finalmente, la lentitud de Meza en resolver, tiempo necesario para que Saavedra se levantara del piso y asistiera a Módica, que llegó solo por el otro palo.
Una seguidilla de distracciones que el Lobo mendocino supo aprovechar y a través de las cuales se puso en ventaja. Por tercer partido consecutivo, Estudiantes comenzó perdiendo, aunque ahora tendrá todo un segundo tiempo para revertirlo. De momento, una jugada que no hace más que evidenciar el presente del equipo: dubitativo, impreciso y, lo peor aún, con falta de reacción.

