A veces los goles no se construyen con una gambeta, una pared o un remate colocado. A veces, simplemente, hay que estar. Y Nacho Fernández estuvo. En una jugada tan desprolija como efectiva, el volante de Gimnasia aprovechó un error en la salida de Sarmiento, sostuvo la presión hasta el final y terminó empujando la pelota con la panza para marcar el 1-0.
La acción nació con un centro pasado desde la izquierda que encontró la cabeza de Marcelo Torres, quien logró bajarla hacia el borde del área. Allí apareció Mauricio Martínez, de Sarmiento, con la pelota de frente y tiempo para resolver. Pero en vez de rechazar hacia un costado, eligió tocar hacia atrás para Thyago Ayala. El arquero recibió exigido y sacó un rechazo fuerte, aunque sin contar con un detalle: Nacho nunca había abandonado la jugada.
El mediocampista siguió corriendo, fue hasta el final y se llevó la pelota prácticamente por delante. El rechazo de Ayala le pegó de lleno en la panza y terminó dentro del arco, en una definición involuntaria pero provocada por la lectura y la insistencia del futbolista de 36 años. Fue su cuarto gol en 32 partidos en 2026, temporada en la que además acumula seis asistencias.
Eso sí: el festejo tuvo que esperar. El pelotazo le pegó con tanta fuerza que Nacho quedó tendido sobre el césped, dolorido, mientras Lucas Janson y Marcelo Torres se acercaban para abrazarlo prácticamente en el piso. Una celebración tan particular como el gol: primero el dolor, después la sonrisa.
Recién cuando terminó de recuperarse, Fernández pudo completar su ritual. Se levantó y besó la canillera en la que lleva ploteada una foto de su familia, una imagen que le agregó un cierre emotivo a una jugada insólita. Porque el gol tuvo poco de estética, pero mucho de oportunismo: Nacho presionó, creyó hasta el último segundo y terminó encontrando, literalmente con el cuerpo, el premio.


