“El máximo responsable de este momento soy yo”. Fue allá por octubre, tras la derrota contra Unión y los primeros silbidos al equipo, que Marcelo Méndez asumió culpas casi por última vez. Por entonces, Gimnasia no podía cortar una larga racha sin ganar y él se hacía cargo de esa realidad como DT. Pero fue a partir de ahí que empezó a repartir críticas. Por acá y por allá…
Contra Independiente, de hecho, pareció llegar al límite. Es cierto, habría más. Pero esa noche, tras la derrota con el Rojo, empezó a castigar fuerte a sus jugadores. “Esto fue muy preocupante, esperemos que haya sido un ataque de amnesia futbolística”; “No hay nada de qué agarrarse, no hay nada para rescatar…”, fueron algunas de las frases más duras, al mismo tiempo que se bajaba de la pelea por las copas internaciones y ponía el foco en el promedio del 2025.
Después de la caída ante Talleres y los nuevos silbidos al equipo, el DT siguió con los palos hacia adentro y metió en la bolsa a la dirigencia. “Si el objetivo es clasificar a copas y competir en los torneos, necesitamos jerarquía, calidad, cantidad… y no traer por traer”, disparó a quemarropa. Las esquirlas llegaron a calle 4 y hasta Estancia al mismo tiempo.
La bomba de Marcelo Méndez en Vicente López
Hasta que el domingo, tras otra derrota, en este caso en el cierre ante Platense, Méndez salió decididamente a romper, a exponer a su plantel de una forma poco habitual para un entrenador. Sobre todo, para uno que, al fin de cuentas, apenas tiene un año en el club y en el fútbol argentino. “Necesitamos traer jugadores que dignifiquen la profesión, que quieran jugar en Gimnasia”.
Fue una bomba. Una bomba que cayó en un equipo anestesiado, resignado, entregado. Porque de cualquier otro modo, en cualquier otra circunstancia, hubiera sido un escándalo. Por si no se tomó nota… Méndez no sólo les tocó el orgullo de los jugadores: los acusó de no honrar su trabajo, de no querer jugar en el club, los prendió fuego. ¿Qué habrán pensado Pablo De Blasis y el Pata Castro en ese momento, por citar a dos referentes del equipo? Se insiste: una frase así, en otro plantel, hubiese roto toda convivencia, incluso el futuro.
Marcelo Méndez también es culpable de lo que pasó
Claro que, con ese recorrido de declaraciones, Méndez pareció en este último tiempo correrse a un lado de su propia responsabilidad, sacarse el chaleco antibalas, acusar con el dedo. Sin embargo, como lo dijo allá por octubre, él también es parte de este fracaso de Gimnasia. ¿Y por qué se habla de fracaso? Porque de mínima, el Lobo aspiraba a pelear hasta el final por entrar a una copa internacional y no a terminar 19° en la tabla, con un detalle todavía más preocupante: comenzará en el puesto 24° de 30 en los promedios 2025.
Sin contar la eliminación de la Copa Argentina, el otro gran objetivo, que se evaporó en una definición por penales que dejó heridas internas, por la baja efectividad.
El DT uruguayo, que en un momento pareció cambiarle el chip al equipo, y hasta le devolvió esperanzas al hincha (se llegó a cantar por la vuelta), también se derrumbó. Cuando el equipo entró en un tobogán, nunca le encontró el punto, no tuvo recursos para modificar el presente ni el futuro. También, de algún modo, se resignó. Y lo empezó a mostrar con sus declaraciones.
Nada de lo que probó, funcionó en este tiempo. Cambió esquema (línea de tres, de cinco, de cuatro), cambió el cinco, cambió la concepción del medio (más de marca primero, más ofensivo después), jugó con enganche, sin enganche, con tres puntas, con dos nueves, con el pibe Primante, con la apuesta de emergencia Panaro… Nada fue solución. Todo lo que eligió, fracasó.
Por eso, de ninguna manera, puede salvarse. Que la venta de Benja Domínguez le sacó al jugador más desequilibrante, que la lesión de Abaldo rompió con ese súper ataque que incluía a Castillo, que otros problemas físicos lo complicaron, es cierto. Tanto como que él mismo aceptó refuerzos que no estuvieron a la altura. Y tampoco, en su momento, reclamó por ellos con la misma intensidad que hoy señala los déficits de la dirigencia y de los jugadores.
Por todo, desde su lugar, cuando vino la mala, no supo cómo capear el temporal. Y como si fuera poco, hasta le sumó granizo, tiró piedras. Méndez también tendrá que resetearse.
Su Gimnasia, en este 2024, sacó el 45,16% de los puntos, apenitas por debajo de la campaña de Leonardo Madelón, que con 45,68% tuvo que jugar una final de desempate para mantener la categoría. Muchas veces, los números dicen más que las palabras…