El ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires, Andrés Larroque, ofreció una conferencia de prensa para hacer un balance de la última edición de los Juegos Bonaerenses. La instancia final del certamen juntó a unos 30 mil deportistas en Mar del Plata y llegó en medio de cortocircuitos entre el gobierno local y el bonaerense. Al final, todos festejaron.
“Son libertarios, pero no tontos“, sostuvo Larroque durante su exposición. El funcionario de Kicillof contó que trabajaron “de manera muy eficaz” con las autoridades del municipio costero en la organización del evento y, sobre todo, cuando volvió el intendente que estaba de licencia. “La coordinación fue muy buena, en el medio del proceso hubo cambio de intendente porque regresó Guillermo Montenegro al municipio y él estuvo presente en el acto de apertura de los Juegos”, precisó.
Los Juegos Bonaerenses son fundamentales para la economía marplatense por la cantidad de visitantes y por todo el movimiento que generan. Según la cámara de comercio local, el impacto económico de esta edición fue de 21 mil millones de pesos. De ahí el interés de la gestión porque el certamen salga de la mejor manera posible.

Efectivamente, desde el distrito celebraron el “significativo movimiento turístico, hotelero, gastronómico y comercial” del evento que se desarrolló entre el 19 y el 23 de octubre. “La ciudad reafirmó su capacidad organizativa y su infraestructura para recibir competencias multitudinarias”, indicaron desde la gestión Montenegro.
De esta manera, ambas jurisdicciones le bajan el tono a la relación que venía desgastada. Cabe recordar que hace poco más de un mes Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense, había dicho que “Mar del Plata está acéfala”. A las semanas Montenegro renunció a su banca en el Senado Bonaerense, volvió al distrito y se juntó con Javier Alonso, el ministro de Seguridad de la Provincia, para abordar la crisis de seguridad que atraviesa la ciudad.


