En Lanús Este, la marea habitual del tránsito pesado y el murmullo obrero se interrumpieron de golpe. Vaspia S.A.I.C., un bastión dedicado durante décadas a la fundición y extrusión de latón y bronce, apagó sus hornos de la noche a la mañana. Detrás del candado no hay indemnizaciones, salarios ni aguinaldos, solo el vacío de 60 puestos de trabajo y la desolación de sesenta familias que quedaron a la deriva.
Frente al predio, los operarios guardan guardia entre el desamparo y la impotencia. Los testimonios concuerdan en una palabra, vaciamiento. Según relatan los operarios, la caída no respondió a una falta de demanda en el mercado local, sino a una decisión deliberada de frenar la producción. Los trabajadores señalaron que la falta de insumos fue el preludio de un abandono sistemático. Mientras tanto, las importaciones ganaban terreno en el sector que es el productos importados.

Las familias sin respuesta ni indemnizaciones
Entre la multitud reunida en la puerta, la angustia toma rostro, operarios con casi 40 años de antigüedad en el taller están hace dos meses sin cobrar el sueldo, inmersos en la angustia de la incertidumbre y el peso de los años entregados a un mismo trabajo.
Sin embargo, en medio del desplome y la repentina desaparición de los empresarios, surge una chispa de resistencia comunitaria. Los trabajadores no piden subsidios, piden conservar su fuente de dignidad. Hoy los trabajadores piden formar una cooperativa, con la mirada puesta en la reactivación autogestionada de los hornos.
Por ahora, los dueños no responden llamadas ni emiten comunicados. La incertidumbre domina la avenida Eva Perón, donde los obreros prometen mantener la guardia para evitar que se lleven las máquinas que restan, aferrándose al sueño de transformar las ruinas del vaciamiento en una fábrica recuperada por sus propios trabajadores.


